(Amílcar Ámbanos)
Devotos champiñones despliegan
en su nicho sus ácaros implumes.
¿Concomitan?
¿Como corazas acorazonadas que
nadie sospecharía en este acorde
cómplice y perfecto?
¿Hay un fuelle que rezonga
mientras el hongo elonga?
No repitas lo que no sabes, le dice
el fantasma al compañero de promoción
que lo imitaba con un gesto casi que de
burla.
El coro ácaro responde a su propio
estímulo acordado y repite sin novedad
el estribillo:
Si todo concomita, concomitar es bueno.
El eco afantasmado de ese coro humilde
y decoroso, acompaña la risa del fantasma
amonestado en un rincón ganado por la
bruma que es cruel y es mucha
pero escucha como perro bien guardado.
Esa risa ahogada que ahora precipita en llanto
mientras fuma y fuma con fruición,
como buen cristiano: Oíd el silbido
del asma del fantasma abovedándose
sin dejar de afinar con ese coro ácaro
y acérrimo.
Solo como hongo que no elonga,
el fantasma fuma para sí, para
ocupar sus manos, su cuerpo,
su pura historia afantasmada:
apura su HF.
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