(Onésimo Evans)
Hay criaturas elementales,
como la ameba madre
de todo lo amable y sensible,
o el bacilo guacho de la vida,
que se dividió para reproducirse
y fue tendencia por algún tiempo
entre los vivos.
Las bacterias, que eran pocas
acompañaron en forma crítica
y se dedicaron a proliferar,
aprovechando las condiciones
propicias y la vacilación ajena.
La evolución hizo el resto, y
en los tiempos previstos apareció
su criatura superior, el sujeto
primordial que expresa toda la
experiencia acumulada por la
materia animada en los distintos
segmentos de su evolución
histórica y biológica.
He aquí el salto cualitativo:
Somos los únicos que se reproducen
por amor, un cambio de paradigma.
Sí, no hay error: Nos impulsa el amor
a la reproducción, que es una de las
formas del amor propio (el único útil,
en términos económicos: quién no se
valora a sí mismo, no suele ser valorado
por otros y carece de valor en el mercado)
II
Los seres irracionales, o inferiores
no necesitan el amor para reproducirse:
cumplen un mandato biológico, sin más.
El animal pensante, no puede actuar así
sin contradicción. Necesita el amor propio
para sentir que es algo que merece ser
reproducido, aunque la sensatez de la razón
indique lo contrario.
Pero el amor es más fuerte, y tampoco la razón
ocupa un lugar preponderante en la vida del
animal pensante y su cultura. Pensar no es
razonar: Poder pensar no significa ser razonable.
Hay distintos niveles en la elaboración
del pensamiento: Pensar es un trabajo, que
se puede evitar apropiándose de lo que pensaron
otros, posiblemente mejor de lo que lo haríamos.
Es natural evitar el trabajo, y más aún el no
remunerado, es decir inútil: A casi nadie le pagan
por pensar, salvo que querramos pensar mal.
III
Aunque apropiarse es también un trabajo:
Es mucho lo pensado en este puñado de siglos,
no se puede conocerlo todo.
Hablar de pensamiento propio me parece presuntuoso,
yo no lo tengo; sólo me identifica la forma en que me
apropio: esa extraña convivencia de pensamientos
ajenos, incluso encontrados.
Tal vez, el amor propio haya sido incorporado
como mandato biológico para librarnos de justificar
nuestra reproducción descontrolada.
Dudo de las almas puras, de loc cuerpos que se
purifican y de los purificadores que se ofrecen
en el mercado.
Lo único propio es este cuerpo, compuesto de
materiales encontrados que desciende del
bacilo elemental, o de la ameba ancestral
¡Oh, madre de todo lo mortal!
Y no se reproduce.
No hay comentarios:
Publicar un comentario