Translate

jueves, 8 de febrero de 2024

Criaturas primordiales

 

(Onésimo Evans)

 

Hay criaturas elementales,

como la ameba madre

de todo lo amable y sensible,

 

o el bacilo guacho de la vida,

que se dividió para reproducirse

y fue tendencia por algún tiempo

entre los vivos.


Las bacterias, que eran pocas

acompañaron en forma crítica

y se dedicaron a proliferar,

aprovechando las condiciones

propicias y la vacilación ajena.


La evolución hizo el resto, y

en los tiempos previstos apareció

su criatura superior, el sujeto

primordial que expresa toda la

experiencia acumulada por la

materia animada en los distintos

segmentos de su evolución

histórica y biológica.


He aquí el salto cualitativo:

Somos los únicos que se reproducen

por amor, un cambio de paradigma.


Sí, no hay error: Nos impulsa el amor

a la reproducción, que es una de las

formas del amor propio (el único útil,

en términos económicos: quién no se

valora a sí mismo, no suele ser valorado

por otros y carece de valor en el mercado)


II

Los seres irracionales, o inferiores

no necesitan el amor para reproducirse:

cumplen un mandato biológico, sin más.


El animal pensante, no puede actuar así

sin contradicción. Necesita el amor propio

para sentir que es algo que merece ser

reproducido, aunque la sensatez de la razón

indique lo contrario.


Pero el amor es más fuerte, y tampoco la razón

ocupa un lugar preponderante en la vida del

animal pensante y su cultura. Pensar no es

razonar: Poder pensar no significa ser razonable.


Hay distintos niveles en la elaboración

del pensamiento: Pensar es un trabajo, que

se puede evitar apropiándose de lo que pensaron

otros, posiblemente mejor de lo que lo haríamos.

Es natural evitar el trabajo, y más aún el no

remunerado, es decir inútil: A casi nadie le pagan

por pensar, salvo que querramos pensar mal.

 

III

Aunque apropiarse es también un trabajo:

Es mucho lo pensado en este puñado de siglos,

no se puede conocerlo todo.


Hablar de pensamiento propio me parece presuntuoso,

yo no lo tengo; sólo me identifica la forma en que me

apropio: esa extraña convivencia de pensamientos

ajenos, incluso encontrados.


Tal vez, el amor propio haya sido incorporado

como mandato biológico para librarnos de justificar

nuestra reproducción descontrolada.


Dudo de las almas puras, de loc cuerpos que se

purifican y de los purificadores que se ofrecen

en el mercado.


Lo único propio es este cuerpo, compuesto de

materiales encontrados que desciende del

bacilo elemental, o de la ameba ancestral

¡Oh, madre de todo lo mortal!

Y no se reproduce.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

 
Licencia Creative Commons
http//ahoraqueestasausente.blogspot.com se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.