(Eleuterio York)
Tanto las capacidades, como las
incapacidades diferentes, son una
fuente de conflicto.
El submundo de los vivos, al que
pertenecemos provisoriamente, con
sus diversidad en desarrollo, es un
sujeto más bien dudoso, y no tolera
bien las diferencias.
La mayoría no las entiende, pero no es
indiferente: acepta y comparte el rechazo
impuesto por sus mandos naturales.
Es más fácil aislar un virus de diseño
que reconocer las islas de carne humana
que produce el llamado desarrollo
de las fuerzas productivas.
Los lazos que nos unen o aglutinan
responden a la producción: El interés
productivo nos gobierna, e impone las
condiciones.
Está todo legislado para que cada uno
reproduzca intereses ajenos, desde el
lugar asignado en la cadena, en nombre
de esos valores esenciales que no podemos
dejar de compartir.
No hace falta ser muy capaz, podés hacerlo
desde tu propio nicho de confort.
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