(Germán Singerman)
Había elevado la autoestima
a niveles óptimos, lo adecuado
para emprender cualquier actividad
como dicen ls manuales.
Cuando se obtiene esta autovaloración
tan alta, no se necesita colaboración
externa ni autoayuda:
Según los asesores más calificados,
estaríamos en condiciones de lograr todo
lo que nos propusiéramos, y más.
Lo sabía, hasta ahí el panorama era
positivo, incluso no podía ser más promisorio.
Sin embargo, todo tiene su envés: esa parte
negativa imposible de desactivar o neutralizar:
Saberse capaz de todo, lejos de representar un
desafío, puede impulsarnos al tedio, la desazón
o la desidia, estimulando la el desarrollo de la
pasividad hasta la ignavia.
¿Qué aventura habría en hacer aquello
que sabemos de antemano que podemos hacer
sin margen de error? ¿Qué goce, al comprobar
lo que ya sabíamos?
Luego, la autoestima se esfumina
con la misma evanescencia de los
mercados.
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