(Amílcar Ámbanos)
No sabía por donde empezar,
entonces no empeceé.
Sabía, por empezar, que todo
lo que empieza termina.
Entonces terminé de entender
que sólo lo que nunca empieza
puede no terminar nunca.
No sólo puede, sino que lo hace
en forma indefectible e indefinida,
sin margen de error:
Lógica pura y perfecta.
En rigor, sin apartarse un ápice
de ella, comtemplamos el estado
de reposo, idéntico a sí mismo,
donde nada cambia ni se altera:
La perfección no tiene fin.
No se sabe cuánto dura, porque
desconocemos sus principios:
No sabemos cuántos son,
o cuánto es. Es todo,
para empezar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario