(Serafín Cuesta)
No había poetas en la marcha
del orgullo xenófobo, patriarcal
y supremacista.
O tal vez, prefirieron no darse
a conocer y refugiarse en el
anonimato:
Como refugio, es de los mejores.
Es difícil no darse a conocer
para un poeta reconocido.
No había poetas en la marcha
del orgullo mandril, ni en la del
orgullo gorila; ni en esa otra de
los orcos orgullosos.
Tal vez, no quisieran darse
a conocer, es entendible.
En la marcha del orgullo binario
tampoco se los veía.
O supieron pasar desapercibidos,
o es cierto aquello de que la poesía
debe ser ajena a la política y las
ideologías.
El poeta, reconocido o no, como
cualquier sujeto, ha de tener su
ideología, como es natural, y su
opinión más o menos formada
sobre todo.
Pero sabe separar las cosas,
concentrarse en la función poética
evitando dar a conocer sus opiniones
no autorizadas.
Me parece correcto. Si yo fuera poeta
haría lo mismo, no participaría nunca
en marchas de orgullos opinables.
Salvo, tal vez, en la del orgullo primate.
Aunque creo que se dejó de hacer
por falta de convocatoria:
Es entendible, si pensamos que mandriles,
orcos y gorilas están emparentados como
primates.
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