(Pascual Rambler)
No me gustaba el poema,
creaba tensiones
que no sabía resolver,
abusaba de efectos
y recursos opinables,
y no ocultaba algunos
defectos de terminación.
Pero lo acepté con determinación
porque era mío: Es como un hijo,
el poema.
Tal vez no sea lo que uno hubiera
deseado, pero es su fruto, como
el hijo no elegido que aceptamos
aunque deje que desear.
Si podemos aceptarlo, también
podremos quererlo ¿Por qué no?
Si al final, todos dejamos algo,
o bastante que desear.
Tampoco es que fuera el único
de mis poemas que no me gustaba,
ni el primero. Si uno se deja llevar
por pretensiones estéticas, termina
descalificando todo.
Hay gustos para todo, está escrito.
Con un poco de empatía podemos
aceptar cualquier cosa y encariñarnos
con el tiempo, aunque no lo merezca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario