(Alí Carnazo)
No se escribe sin culpa
y sin vergüenza:
Hasta Nietzsche confesaba
su vergüenza por escribir,
aunque sabía que lo hacía
mejor que nadie.
Resuelto ese punto, somos
libres de hacer lo que deseemos
o escribirlo, a la sazón.
El humor es un recurso sospechoso
en la poesía, aunque no mucho más
que otros.
Se sospecha que algo oculta:
Ocultarse en el humor es un recurso
de baja estofa, hay otras formas de
hacerlo.
Otra cosa es usarlo en sentido inverso,
para desocultar lo que hay de sospechoso
en las palabras que nos rodean, algo que
sólo el humor puede intentar reflejar.
Hay distintas categorías de humor.
No todos tenemos los mismos reflejos
para acusar y percibir en profundidad
los múltiples sentidos que el humor
resuelve en una frase.
Aunque fracase, queda un resabio feliz,
ese placer efímero de haber llegado a
ese lugar donde nadie se atreve:
No hay nada que no se pueda demostrar
por el absurdo, dicen los que saben.
El humor, es también una forma
de resistencia, una burla a la solemnidad
de los poderes, puesto que rechaza toda
autoridad: El humor es peligroso.
Fuera de eso, no es nada, apenas un destello
sin causa que no alumbra ni encandila. A lo
sumo, puede revelar.
Si hablamos en serio, hay distintas formas
de humor, algunas comprometen más
neuronas de lo que el lector desea como
promedio.
El humor es diverso, no todo es diversión.
No se puede poner todo en la misma bolsa.
El humor es como el amor:
¿Cuántas formas conocemos?
¿Cuál es el verdadero?
Si no se sabe, es mejor abstenerse
y no despertar sospechas.
Yo no creo en el humor a primera vista
ni creo en el humor como recurso,
no lo necesito:
No tengo nada que ocultar.
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