(Onésimo Evans)
Esta leche está ojeada,
observó el mamífero
superador:
Ojos eyectados como leyes
mal manumitidas.
Repitió en vano esta leche,
mientras leía para sí la borra
aún presente bajo la espuma.
No busques el pelo al huevo,
quise decirle no seas mala leche,
pero ni dije nada.
Después no reaccionó: se había
adaptado al movimiento uniforme
de la contradicción vertical
del líquido con natural resignación
humana.
Entonces recordó las palabras
de su mentor ovolácteovegetariano
y difunto, como el eco no reconocido
de una música extinta que vacilaba
en el aire tóxico con éxito:
No dilapides tu fe en vano.
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