(Onésimo Evans)
Esta leche está ojeada,
observó el mamífero.
Ojos eyectados como leyes
mal manumitidas.
Repitió en vano esta leche,
mientras leía para sí la borra
aún presente.
No busques el pelo al huevo,
quise decirle, pero no…
Después no reaccionó: se había
adaptado al movimiento uniforme
de la contradicción vertical,
consecutiva y constitutiva
con natural resignación humana.
Entonces recordó las palabras
de su mentor ovolácteovegetariano
y difunto, como el eco no reconocido
de una música extinta que vacilaba
en el aire con éxito:
No dilapides tu fe en vano.
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