(Alcides Ovando)
A Séneca, filósofo romano
que había nacido antes que Cristo,
le debemos el descubrimiento
de la vida útil.
Acaso uno de los más útiles,
este concepto representa
una conquista histórica
que cambiaría el destino
de la humanidad.
Hasta entonces, no se conocía
el sentido de la vida, por lo cual
era común malgastarla, tanto
como desaprovecharla.
En realidad, nadie sabía qué hacer
con su vida, ni para qué servía,
a causa del pleno desconocimiento
de su potencial productivo.
Pocos se lo reconocen a Séneca,
ya que la fórmula retórica se acuñó
varios siglos más tarde, junto con
la revolución industrial y la división
del trabajo.
Pero el filósofo había sentado las bases
para su desarrollo como concepto.
Luego, la energía humana al servicio
de la producción de utilidades dio lugar
a la cultura del trabajo y la evolución
semántica de la fuerza de trabajo en
recursos o capital humano.
Pero el concepto de vida útil
que hoy podemos aplicar a todo, desde
una lapicera, una máquina, un poema,
hasta a un cuerpo como el nuestro,
no sería tal sin el aporte del filósofo.
Ésto, es también parte del capital cognitivo
desarrollado, que nos diferencia de los otros
animales:
Somos los únicos que gozamos
de una vida útil.
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