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jueves, 1 de julio de 2021

El pez

 

(Onésimo Evans)

 

Hay peces grandes y pequeños,
lánguidos, gozosos, resbalosos
y risueños.

Peces que se especializan en nadar
aguas profundas, peces que nunca
o casi nunca se detienen, viven
huyendo de la luz.

Los hay que sólo nadan en sentido
vertical, sin alicientes. No tienen tiempo
para tener un horizonte.

La dieta de los frutos del mar
es variada:  pueden elegir, discriminar,
ser selectivos al nadar y contemplar
la oferta.  Algunos disponen mecanismos
y estrategias muy sofisticadas para engañar
a su presa y no ser reconocidos.
La selección natural se trazó en el agua.

El agua, para el pez gordo o el humilde,
no es un fluído vital, ni siquiera un fluído,
es apenas el mundo, el único que conocen.

A diferencia de nosotros, se comen entre sí,
pero desconocen la diferencia entre víctima
y victimario.

Mientras nosotros disponemos de la tierra,
el agua, el aire y todos los recursos naturales,
ellos vacilan en su líquido amniótico, como
hace millones de años. No se notifican de la
evolución alcanzada por el mundo sensible,
y nadan como si nada.  Permanecen indiferentes
a los cambios operados en el planeta, al
calentamiento global, a los movimientos
históricos, a las leyes que rigen el movimiento
de los cuerpos, a la globalización, a los
formadores de opinión y al terraplanismo
globalizado.

Ajenos a la búsqueda del sentido
de la verdad profunda, viven sumergidos
en un presente continuo, nadan como si nada
hasta disolverse en el líquido soluble, sin
pena ni gloria.

Viven sin ciencia ni pseudociencia,
viven sin conciencia, haciendo hábito
de la prescindencia.

Probablemente no sepan que van a morir,
y que la vida pende de un hilo, una línea
perpendicular al horizonte,

¿El pez por la boca muere?

No, la metáfora no habla de peces
ni pescados, sino de otro pecado:
Hablar de más.

Ellos no corren ese riesgo: ni siquiera
conocen la diferencia entre
el sustantivo pez y el participio pasado
por el agua de los pescadores.

Un pez gordo, no tiene problemas de peso:
el pez no pesa, ni pesifica, ni especifica

El pez no pesa ni mide: sus emisiones y
emociones son completamente degradables,
a diferencia del sujeto que pesca.

El pez no peca ni pesca con mosca,
sólo mata por necesidad,
a diferencia del sujeto que pesca.

El pez sólo nada, como si nada, y
sabe permanecer ajeno, en su líquida
ignorancia, sin dioses, participios
ni metáforas.

(La metáfora es creación humana,
como los dioses y el anzuelo)

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