(Pablo Dudaner) *
Recuerdo tu perfume, Mabel.
Recuerdo tu cintura,
su pronunciarse
en la minuciosa intensidad
de tus suspiros.
¿Cómo no recordar, Mabel?
Recuerdo tu sonrisa
desafiante y apacible
en el silencio cadencioso
de la noche.
Recuerdo tu cintura, Mabel
y su perfume.
Recuerdo sin fisuras
todos tus accidentes naturales.
¿Cómo no recordar, Mabel?
Recuerdo el sigiloso
deslizar de tu bretel,
y el movimiento acompasado
del deseo, Mabel.
Recuerdo casi todo:
¿Cómo no recordar, Mabel?
Recuerdo, en ocasiones,
en aquel silencio ocasional,
los pulsos agitados y los ritmos
morosos de tu voz, Mabel.
Podría enumerar cada detalle
de esas noches, Mabel…
¿Cómo no recordar?
En la bruma del recuerdo
respiro tu perfume
que emerge en la memoria
sobre la fría fragancia del
desodorante del hotel.
¿Cómo no recordar, Mabel?
Somos nuestras memorias,
recuerdo casi todo, Mabel.
Hasta recuerdo tu arancel.
(*) Pablo Dudaner, seudónimo de Ester Miño.
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