(Esther Miño)
La producción de carne
no se detiene: aumenté
un kilo, podría ser grasa,
pero ésta es parte de la carne,
un subproducto.
Hay grasas saludables, dudosas
y tóxicas como las grasas trans
y como las personas.
Los valores nutricionales de la carne
no están en discusión, su proteína
es de alta calidad; los otros componentes
varían según el tipo de carne.
Somos libres de elegir la carne que
deseamos incorporar a nuestro
metabolismo superior, tanto como
la que deseamos incorporar a nuestras
relaciones carnales:
El modo en que nos relacionamos con
la carne determina una parte de lo que
somos, pero todos somos producto de
relaciones carnales.
Estas pueden ser diversas, pero no todas
concurren a la producción de carne.
En cuanto al consumo, hay cortes de
carne más apreciados que otros, aunque
no hay unanimidad: hay distintos gustos.
No hay certeza sobre cual es la carne
más sana y beneficiosa para animales
humanos. Cada cultura tiene sus hábitos,
valores y creencias:
Algunas se inclinan por los frutos del
mar, otras por las carnes rojas así
como existen quienes prefieren saborear
pangolines, murciélagos, cucarachas,
gusanos, etc.
Es muy amplio el espectro de las carnes
disponibles.
Luego, hay modas que nos inducen a
adoptar distintas dietas, extrañas a
nuestras tradiciones y que se pretenden
más saludables.
Hay discusiones sobre qué sería lo más
saludable: hay mucha opinión interesada,
los intereses son inseparables de nuestras
carnes (casi todos descendemos de relaciones
interesadas u opinables)
Otros abandonan la carne por cuestiones
éticas o filosóficas: estas categorías son
subproductos de la carne.
Sabemos que la vida del mortal
está signada por la contradicción,
después no se sabe.
Algunos creen que el alma sobrevive
en otra parte, otros se aferran a un
limbo y están los que piensan que
todo acaba con la carne.
También hay quienes creen en la
reencarnación: Podríamos encarnar
en algo peor.
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