(Aparicio Custom)
El ostracismo rindió frutos,
sin duda fue una buena decisión:
Me pude reencontrar conmigo,
aquella esencia que se va disolviendo
en el conflicto cotidiano con el mundo
exterior y su realidad hostil, que consume
nuestros signos vitales y nos sume
en la lucha contra el prójimo.
Recuperé la vitalidad perdida
y puedo ejercer en plenitud la libertad
de decidir en qué dilapidar mis energías.
No pregunto cuántas son, ni cuánto es:
Que sea lo que es, la propia naturaleza
del deseo determina la ocasión, y
dispone argumentos y medidas.
Mientras solo me ocupo de mi cuerpo
sin otra ocupación y manteniendo una
distancia saludable.
El aislamiento preventivo me hizo crecer
como individuo, como sujeto y como
miembro.
Entre estas cuatro paredes, todo es
abundancia que fluye libremente
en toda dirección.
Vivo el presente sin contradicción,
no necesito más información
de la que circula por mis conexiones
neuronales y la que brindan mis
hormonas.
Hermano, todo está dentro tuyo: bueno
o malo, es lo que hay. Quedate en casa,
liberate, podemos prescindir del mundo,
esa pandemia.
La vida privada puede ser una aventura
excitante y burbujeante. No te prives
de vos: sos lo único seguro que tenés.
No te negocies, no te vendas al mejor
pastor. Tu vida no tiene precio, aunque
sea tan efímera como una burbuja.
Las ostras son una buena fuente
de sabiduría: se abren y cierran a voluntad;
saben disfrutar de su intimidad inapropiable
sin contratiempos ni interferencias:
Sólo hay que saber cerrarse a tiempo.
Yo pude recuperar mi vida interior, es difícil:
ante las exigencias que nos impone el mundo
y el aumento del costo de la vida, lo primero
que resignamos es la vida interior.
Abrazar el ostracismo fue una buena decisión,
acaso la mejor inversión de mi vida.
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