(Onésimo Evans)
La vi a Marisa, ella también me vio:
Nos vimos en misa.
Hacía mucho que no veía a Marisa.
Hacía mucho que no iba a una misa:
No soy creyente, no tengo condiciones
ni la vocación precisa. Mis convicciones
son lábiles y se volatilizan.
Volviendo a Marisa, nos vimos
y nos dio risa.
Todo nos da risa con Marisa.
¿Qué tiene de especial, Marisa?
Nada, hay muchas Marisas,
pero ninguna con su risa.
No sé por qué se me ocurrió ir a misa;
¿habré intuído que me encontraría
con la risa de Marisa?
¿Qué tiene de especial su risa?
No sé, no lo sé explicar,
ni sé si se analiza.
Dicen que la risa moviliza,
relaja y armoniza, que produce
endorfinas, oxigena y empatiza,
y que cada uno es como su risa.
Yo no sé mucho de la risa
y tampoco de Marisa.
Pero nos contagiamos la risa:
sólo vernos, y algo se materializa
haciéndonos presa de la risa.
Ignoro lo que expresa la risa,
¿celebra una comunión que se realiza?
Nadie comparte con cualquiera su risa,
y es el más sincero de los sentimientos
que se exteriorizan:
Es difícil fingir o falsificar la risa,
a diferencia de la sonrisa.
Con Marisa, todo se desliza hacia la risa;
No hay mucho más que compartir
en esta vida lisa:
Con Marisa compartimos la risa.
Entre las emociones que emitimos,
la risa es la más libre y la menos sumisa:
no se puede medir, ni controlar, disimular,
ni se metaboliza.
Pero no era el lugar, estábamos en misa
y allí no se celebra ninguna risa:
Ofende a Dios, y a su rebaño escandaliza.
¡Vamos, Marisa! El peligro avisa,
estamos caminando por la cornisa:
Es mejor darse prisa.
Era difícil conjugar la carrera con la risa.
Dios es amor, dijo ella, y todo lo amortiza.
O lo amortaja, sugerí, Marisa,
y multipliqué su risa.
La risa es sacramento del demonio, Marisa;
me lo dijo una afamada pitonisa
(le dio risa la palabra pitonisa)
Al ser más contagiosa que la fe, se anatemiza:
la proscriben los claustros, las buenas nodrizas
y todas las misas.
¡Vamos, Marisa, es mejor darse prisa!
Esta gente es de temer cuando se encoleriza.
Nos satanizan: No toleran la risa.
Vámonos a Ibiza, a Niza o a Suiza,
allá nieva pero no graniza,
son pueblos cultos y no se escandalizan
por una simple risa.
Vamos a visitar al Papa, a la Papisa
y pedirle que consagre la libertad de risas
en todas sus misas.
Entre risas y rezos profanos, huimos de la misa:
salimos ilesos. Luego recordamos viejos tiempos
y evocamos antiguas risas.
No sé cuánto hacía que no veía a Marisa.
No sé si ella sabía; no se lo pregunté.
No quise interrumpir la risa.
Con Marisa tenemos diferencias:
religiosas, políticas, etcétera;
y simpatizamos: con distintas divisas.
Tenemos diferencias con Marisa
hasta en la forma de emitir la risa.
Pero compartimos la risa,
con o sin motivo, y esta premisa:
Más saludable es la risa que la misa.
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