(Cósimo Stancatto)
Es más fácil entablar
que no entablar:
Siempre hay algo que entablar
en este mundo, aunque quede
entre nosotros.
La competencia comenzó a entablarse
mucho antes que nosotros, e impulsó
la evolución que seguimos entablando
mientras desarrollamos nuevas formas
de entablar los verbos de la vida:
Luchar, competir y vencer.
Hablar de entablar en un poema
redunda en el pleonasmo:
Aún en el mejor logrado de los
silencios, hablar es entablar.
Siempre hay algo entablándose en
nosotros, aunque no se lo perciba.
Desde el intercambio con el aire
que entablamos para extraer oxígeno
y entablar una oxidación sustentable.
Es más fácil entablar que no hacerlo,
aunque no significa sólo competir.
Si competimos, no es para entablar
sino para ganar: el cero ya lo tenemos.
Al competir, existe el riesgo de perder,
es propio de toda confrontación y lo
asumimos con valor:
No hay emoción sin riesgo: es él quien
le da sentido a la disputa ¿Qué sentido
habría en una competencia donde nadie
gana?
Lo mismo ocurriría si ganáramos todos
¿Quién querría competir sabiendo que
va a ganar, al igual que el o los otros?
¿Cuál sería el desafío, qué emoción
encontraría?
Ganando todos no gana nadie.
El único estímulo, el verdadero sentido
de la competencia, es la oportunidad
de superar al otro.
Eso es lo que nos hace mejorar, crecer
y superarnos en busca de mejores resultados,
para acceder a otras oportunidades y emociones.
Sabemos que los ganadores son pocos,
cada vez menos al avanzar la contienda:
Los perdedores somos muchos más y no
paramos de crecer.
Pero así funciona la sana competencia,
que es la que nos trajo hasta aquí:
Es cuestión de esforzarse y mantener
el estado competitivo para seguir en
carrera. Al final siempre se imponen
los mejores, que seguro no somos
nosotros:
Sin perdedores no habría ganadores
ni emoción. Las emociones serán
cada vez más intensas a medida que
avancemos, en un sentido u otro.
La vida es cambio e intercambio,
las condiciones cambian, las exigencias
aumentan y los desafíos serán mayores:
Hay que saber adaptarse a todo,
reconvertirse y entablar los próximos
desafíos que la evolución imponga.
Venimos a entablar:
Es más fácil entablar que ganar,
es más fácil perder que empardar.
Pero hay voluntad de entablar.
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