(Florencio Cusenier)
Al completar la manufactura del poema,
lo leí y desubrí que era inaceptable.
Vacilé: lo estudié, lo revisé de cabo a rabo
y no había caso:
Le cabían todos los adjetivos aceptables
menos aceptable, ese no.
Resulta difícil aceptar lo vano
del trabajo erogado para producir
algo inaceptable, había que aceptarlo.
Lo volví a examinar con atención
y al terminar la relectura, corroboré
que permanecía tan inaceptable como
antes, sino más.
Pensé que su suerte estaba echada y
estuve a punto de abandonarlo para siempre.
Pero pensé que merecía una oportunidad
y entonces decidí negociar:
Ambas partes tuvimos que ceder un poco,
para acordar, luego de la supresión de alguna
frase y la ablación de las palabras inaceptables,
una resolución consensuada, si no feliz,
al menos aceptable.
Así funciona el arte de la política,
y todo cuerpo poético
es también político.
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