(Amílcar Ámbanos)
-Mi hijo no me dio ningún trabajo,
hasta se destetó solo.
-Qué maravilla… ¿Cómo hizo?
-No sé, un día yo me había acomodado
como siempre, con la novela que leía
mientras le daba, para no aburrirme, y
me dio vuelta la cara: Entendí que ya
no quería más. Las madres tenemos que
entender todo, somos su primer vínculo
con el mundo.
-Qué suerte. Yo, en cambio, tuve que
dejar porque me mordía.
-¿Con sus dientes de leche?
-Sí, era bastante molesto, pero peor fue
con los otros. Hasta que un día dije basta,
una madre también tiene un límite.
-Y sí, hay que saber poner límites, no es
fácil; maternar no es para cualquiera.
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