(Florencio Cusenier)
Con ese traje viejo,
ajetreado por la falta de uso
acumulada en años,
se apersonó en tiempo y forma
como estaba acordado en esa cita,
que podía ser el comienzo de una
aventura o cualquier otra cosa:
Nunca se sabe en qué termina,
o adónde puede llevar una cita.
No importa lo que hagas,
ni con qué te vistas; ningún disfraz
resuelve la incertidumbre.
Las prevenciones son inútiles,
como la naftalina que preserva
el ajetreo acumulado en vestidores
y reperos de esos trajes en desuso.
Una cita puede ser una trampa
y ser también la última. Muchos
lo aprendieron tarde.
Es tarde para citar, para incurrir
o frecuentar esos lugares que solíamos
frecuentar y ya no están.
Es tarde para citar, Estercita,
hoy te llaman Milonguita:
Las citas te han hecho mal
y darías toda tu alma por vestirte.
No te vistas todavía,
hay un cliente esperando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario