(Aquino Lamas)
No es fácil escribir
sobre un torrente, una vez
probé y no funcionó:
perdí casi todo lo brotado
en la corriente, apenas rescaté
un brote residual, una muestra
pobre y mustia de lo que fuera
un borbotón.
Nada que merezca recordarse
ni reproducirse: Para muestra
no basta un botón, ni un brote
abotonable al propio abono.
II
Más sencillo es subirse
a una corriente, abandonarse al
movimiento vivo o dudoso
de voluntades ajenas y dejar
que fluya lo que sea.
Lo que sea, recibirá el denuesto
o el elogio, críticas fundadas e
infundadas, pero cosechará el
reconocimiento de aquellos que
circulan o se arrastran en la misma
corriente.
No es fácil escribir de corrido
sobre un torrente que nunca es el
mismo, ni escribir a borbotones contra
la corriente.
III
Pero escribir es fácil, no hace falta
tener una opinión formada. Por el
contrario, no tenerla evita la desazón
de tener que abandonarla, algo casi
siempre inevitable, a no ser que uno
sea un necio.
Escribo en las márgenes ajenas
observando el paso de las corrientes
de opinión a una distancia saludable,
mientras evoco a Lichtenberg:
“Nada puede contribuir tanto
a la tranquilidad del alma
como no tener ninguna opinión”
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