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sábado, 8 de octubre de 2022

Energías limpias

 

(Amílcar Ámbanos) 


El cepillado de los dientes, es uno de los

hábitos que incorporamos a temprana

edad, poco después de incorporar los

dientes.


Es aconsejable hacerlo luego de cada

comida. Los organismos obsesivos no

esperan mucho, saben que las bacterias

se reproducen a una velocidad vertiginosa

y una demora mayor a los diez minutos

puede derivar en un daño irreparable.


Algunos, lo hacen incluso sin haber comido,

en forma preventiva (no soportan la idea de

emitir un aliento indeseable)


Puede que sea una buena decisión, o no.

Hay que ser cauteloso, la eficacia no es

cuestión de energía y voluntad, sino de

minuciosidad y técnica.



Empecé a cepillarme con naturalidad

(suponiendo que hacerlo forme parte

del Orden Natural)


Sin esfuerzo y dibujando pequeños círculos

de un modo automático, como ocurre con

casi todos los hábitos bien tramitados.


Pronto noté que el bazo izquierdo, y su mano

comprometidos en la acción, parecían no

obedecerme; no sentía que fuera yo quien la

ejecutaba, ni acusaba el trabajo de los músculos

implicados.


Era como algo mecánico, un movimiento

inercial, que no sólo se sostenía en su propia

función repetitiva sino que era, a la vez, objeto

y sujeto de la propia excitación producida por

el movimiento reproducido:


Una erogación de energía, que si bien me

resultaba ajena, no dejaba de incluir una

sensación placentera, y acaso produjera

endorfinas, que siempre vienen bien.


Observé que no podía hacer mucho, y que

la intensidad del movimiento aumentaba

(Los placeres son cortos, los pesares son

largos: recordé al poeta. También evoqué

las coplas de Manrique y es posible que

algo más)


El calor generado por la mecánica del

movimiento que se aceleraba (energía

cinética), ya fuera de control, comenzó

a producir efectos no deseados:


Los dientes, esos tejidos tan duros que no

parecen materia orgánica, se dilataban y

partían. Sus fragmentos iban cayendo de

la boca, que parecía no pertenecerme,

mezclados con espuma y sangre.


No recuerdo mucho más, ni cuál fue la

duración de este ejercicio higiénico.


En algún momento todo volvió a la normalidad.


No sé si después de esta experiencia, hubiera

decidido no volver a cepillar mis dientes, pero

ya no lo necesito.

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