(Aparicio Custom)
La respuesta estudiada, es un recurso
retórico de gran utilidad, que no sólo
nos puede sacar de un apuro en
cualquier momento de la conversación,
sino que sirve para entablar relaciones
sustentables.
No hace falta haber estudiado casi nada
para disponer un buen repertorio de ellas.
Pienso que no, pienso que sí,
y todo queda ahí, nadie espera profundidad
ni extensión del otro. El tiempo apremia,
la vida es breve, hay que abreviar todo lo
posible:
Percibir al otro como una extensión de uno,
hace que todo fluya con naturalidad, se
genere empatía y se enriquezca la comunicación.
Descubrimos la afinidad: Ni el otro ni yo
necesitamos pensar demasiado, coincidimos en
descartar esa fatiga inútil que supone elaborar un
discurso más pensado de lo que la situación
requiere o un pensamiento más profundo que
éste:
En el fondo pensamos lo mismo, e incluso
compartimos todo aquello en que no pensamos
ni queremos pensar.
Ese consenso implícito, funciona
como un acuerdo tácito entre las partes
y es clave para facilitar la mecánica de la
comunicación entre humanos que cursan
la etapa superior de su evolución, en el
marco de un desarrollo sano de sus capacidades
naturales y adquiridas.
La respuesta estudiada, permite ahorrar tiempo,
un recurso no renovable que se debe aprovechar
en un sentido útil.
Como recurso, esta herramienta retórica es
inagotable; se puede reutilizar tantas veces
como sea necesario, y se mecaniza sin mayor
dificultad, optimizando las funciones del
diálogo.
Por último, no hay que confundir
la respuesta estudiada, aprendida y mecanizada
sin contraindicaciones, con la respuesta evasiva:
Ésta merecería un estudio más profundo,
pero no queremos extendernos.
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