(Senecio Loserman)
Roza el desborde de la mengua
con los restos insanos de reservas
morales nativas. Adhiere al goce palatal
la pátina viscosa, vibrátil y morosa
deslizando ahora un exabrupto
proporcional, aunque irretráctil.
No ahorra displicencia en el apego
a lo mermable de otro avezado amor
que se escuece y funge como óbice
deseado para la imagen que no llega
a pronunciarse (Aunque no es neutra)
¿Hay otras versiones?
En la flora íntima y autónoma del alma
del parásito inapropiable, cadáveres
sagrados vacilan y se hacinan
en preguntas obstinadas, tan tributarias
como irreproducibles por el cuerpo del
versátil:
¿Es el alma parásito del cuerpo?
¿O sólo prisionera que goza en cautiverio?
¿Hay un goce cautivo que acaso precipite?
¿Hay cadáveres para citar cuando llegue la
hora de la verdad y todo vuelva a repetirse
con la misma excitación que nos llevara
al éxito, en este sentido?
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