(Amílcar Ámbanos)
Lame el lampazo
con la superficie residual
del borde amputado
en buena ley.
Asevera lo que lame
desde el rabillo del alma
(con el anhelo fruitivo
y la unción del adicto)
hasta su esfínter.
Emplazado por sus límites
nativos, el órgano rebota
en la función que ahora lo excede
acá adentro de la ley:
Lame el desborde primigenio
en tiempo y forma hacia los lados
merodeando el orificio legítimo
como buen miembro que se allana
al goce, y goza entre las partes
carcomidas en servicio:
Goza solo como se debe, concomita.
¿Es perfectible el goce
que la lengua esboza en un desliz?
¿Podría lamer los estropicios procedentes
del fermento puro que se cicatriz supura?
Lambe el lampazo con premura
antes que todo sea futuro,
y llegue la factura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario