(Serafín Cuesta)
El tráfico de nociones sospechosas
es natural en la vida del mortal
hablante, como dador y receptor:
Necesitamos dar y recibir, en
distinta medida. En condiciones
naturales, no habría por qué
sospechar de ninguna noción:
En el concierto de las nociones,
todo es válido en tanto funcione.
Funcionamos así, no hay mucho
que negociar. Sabemos que la vida
está compuesta de despropósitos
con valores cambiantes, y todos se
sostienen en palabras como éstas.
¿Qué haríamos sin ellas?
¿Qué podríamos negociar?
¿Viviríamos de la caza y de la pesca
como nuestros ancestros predadores?
¿Tendríamos algún futuro como
recolectores?
El lector no puede ni desea imaginarse
disputando frutos de los árboles
con sus semejantes y otras alimañas
y sin nada que leer en su pantalla.
Somos lo que leemos: leo en una ventana
que se abrió en mi pantalla personal.
Pienso que no, no podemos leer todo:
Hay que descartar una buena parte, por
lo que somos también lo que descartamos.
Sabemos que la lectura siempre cambió
la vida de los lectores, tanto como el propio
metabolismo que nunca volverá a ser el
mismo.
En condiciones naturales, las palabras
no son neutras ni neutrales, pero nada
hay que pueda reemplazarlas, como
valor de cambio:
salvo esta imagen que vale más
que mil palabras (Nos santiguamos ante
la imagen y pedimos un deseo con palabras)
¿Cuánto vale tu palabra?
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