(Eleuterio York)
Los aleluyos van y vienen, Gladys
y siempre hacen la suya.
Tienen su gracia: ora cantan y gozan,
ora oran y agradecen todo sin discriminar:
lo que hay, lo que no hay, y lo que puede
ho haber nunca.
Son así, Gladys, cantan loas y se elevan
gráciles, se van en alabanzas desmedidas,
alaban los pecados conocidos y los que
esperan en el porvenir ser cometidos.
Son inofensivos, Gladys, vienen y se van,
nadie huye de los aleluyos, tan gráciles y
leves como babas del diablo.
Saben estar de paso con su repertorio
de oraciones que saben repetir gozosos.
Es gracioso observarlos al pasar, celebrando
todo lo que hay, y lo que todavía no hay:
Cualquier dios los premiaría, con algo
de lo que tenga para dar, aunque más no sea
por esa voluntad agradecida.
A los dioses siempre habrá algo que les sobre,
se supone: si no, para qué querrían tantos
poderes.
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