(Senecio Loserman)
El ojo del amo engorda al ganado.
El ojo del ganado engorda al amo.
El engorde puede ser tan recíproco
como simétrico y viceversa.
Depende cómo se mire
se gana o se pierde.
Es como mirar el mar
y no ver sus ojos multiplicados
por la espuma de Dios, ya sea
Neptuno o algún descendiente
de su estirpe.
Los ojos ganados al mar
son parte de otro poema
para armar:
Los poemas se arman
con ojos, pieles, huesos
y residuos de otros poemas,
sin descartar egagrópilas.
El ojo del poema
te está mirando:
Te mira de afuera, como esas cosas
que nunca se alcanzan,
Te mira sin comprender,
te mira con desconfianza:
(La desconfianza puede ser recíproca
como simétrica y proporcional)
Como ves, el ojo no dice nada,
pero te ojea como perro que huele
el ano de otro.
Como el ano gordo del ganado
amalgamado al amo con sus ojos
apareados como esfínteres puros,
abriéndoe y cerrándose
para que pase el poema
de alta gama ganado al mar.
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