(Ricardo Mansoler)
Un deseo se hunde
en un tejido blando
de conciencia polisémica.
Ahí donde el yo lírico
pace y estercola.
¿Húndese o se hunde?
¿Cuánto vale el orden
alterado como factor?
¿Cuánto vale un nombre
bien llevado entre los accidentes
naturales desplegables a ambos
lados del éjido elegido?
Habría que reconocer: el yo
lírico puede adoptar el modo
dórico o el frigio y adaptarse
a las anfractuosidades del porvenir.
El porvenir está atestado de poemas
que fracasan en la modulación
correcta.
Algunos no salen nunca de este
modo y resisten la presión del otro
yo, el yo llórico, que cada tanto
derrama una lágrima funcional
y pura.
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