(Cipriano W. Cifuentes)
Evita el diminutivo ocioso
en el poema.
Es mejor prescindir de extensiones
injustificadas que no agregan valor
al discurso poético, y restan más
de lo que suman.
Ninguna cantidad de diminutivos
te igualará a Juan Gelman:
Un poeta verdadero no se hace
sólo con diminutivos.
Evita el diminutivo en el poema
ocioso, ese recurso no incrementa
la calidad del poema, ni del ocio.
Evita ese negocio:
Evita no negociaba, era la voz
de los sin voz, esa vocesita
que asustaba a muchos.
Mis grasitas, ms cabecitas negras,
mis hormiguitas laboriosas, mis
termitas, mis descamisaditos.
Su voz dignificaba toda clase
de diminutivos, hasta al humilde
leucocito.
Era la voz de las clases inferiores,
abanderada de los humildes y los más
desposeídos, cuando todavía eran pobres
y no habían evolucionado en indigentes.
Evita vive en el corazón de su pueblo.
Evita vive en su diminutivo, que es
único, es ocioso repetir.
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