(Cipriano W. Cifuentes)
Evita el diminutivo ocioso
en el poema.
Es mejor prescindir de extensiones
injustificadas y agregaciones
que no agregan valor al poema
y restan más de lo que suman.
Ninguna cantidad de diminutivos
te convertirá en un Gelman:
Un poeta verdadero no se hace
sólo con diminutivos, hacen falta
otras cositas.
Evita el diminutivo en el poema
ocioso, ese recurso no incrementa
la calidad del poema, ni del ocio.
Evita ese negocio:
Evita no negociaba, era la voz
de los sin voz, esa vocesita
que asustaba a muchos.
Mis grasitas, ms cabecitas negras,
mis hormiguitas laboriosas, mis
termitas, mis descamisaditos.
Su voz dignificaba toda clase
de diminutivos, hasta al humilde
leucocito y al presuntuoso infinito.
Era la voz de las clases inferiores,
abanderada de los humildes y los más
desposeídos, cuando todavía eran pobres
y no habían evolucionado en indigentes.
Pero Evita hay una sola
y vive en el corazón de su pueblo.
y en su diminutivo, que es
único, es ocioso repetir.
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