(Amílcar Ámbanos)
Sólo el hombre es capaz
de incorporarse a distintos
movimientos, pasar de uno
a otro con naturalidad,
y adaptarse a las necesidades
de otros.
Sólo el hombre puede reconocer
el movimiento vivo y practicarlo
respetando la libre circulación en
el sentido de las agujas del reloj.
Puede observar distintos movimientos,
permanecer en estado de reposo
y decidir su participación en otros
movimientos opinables.
Sólo el hombre puede definir
con eficacia y precisión
el movimiento rectilíneo uniforme,
elevar oraciones móviles confiando
en que llegarán a destino o escribir
poemas vermiformes.
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