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martes, 30 de enero de 2018

Florecen los tendales


 (Onésimo Evans)


Habladurías hubo siempre,
en todos los idiomas;
las necesitamos. Necesitamos hablar,
interpretar, intercambiar interpretaciones
de cualquier índole. Indoles hay muchas,
como necesidades, cabe agregar, siempre
necesitamos agregar.

La verosimilitud es una necesidad relativa:
solemos creer lo que queremos creer, no
necesitamos verificar, no queremos verdades.

La verdad no tiene una función, ni es
funcional como el sujeto (que aunque dividido,
es capaz de unirse, alinearse, encolumnarse,
integrarse, sumarse y adherir a cualquier causa)

Ellos funcionan así, vienen a sumar, lo que no
suma es enemigo. El enemigo es necesario
para identificarlo, reconocerlo y exponerlo
ante la opinión pública: que se sepa, hay que sumar
voluntades y estar unidos frente al enemigo común
(es bueno tener un enemigo común: puede que sea
lo único que nos una)

Cuando el enemigo no existe, se lo crea: el enemigo
es creativo y no descansa, siempre está creando
nuevos argumentos para justificar la violencia
que contiene y sostiene su ideología.

La violencia, es tan necesaria como la ideología.
Todo lo demás son habladurías, excesos de
emisión humana, palabras que circulan en el
éter o se hacinan en los diarios, para acabar
en la basura, a la espera del reciclador urbano,
el emprendedor cargado de futuro.


martes, 12 de diciembre de 2017

Notas a evitar

(Ricardo Mansoler)



Evitar: las emisiones violentas
y las emociones infundadas o volátiles.

Evitar los verbos irregulares como complacer
o poner: La irregularidad contiene alteración,
que es germen de violencia (hay que oponerse
a toda violencia que no sea necesaria)

Evitar toda experiencia que incluya alguna
alteración.
Evitar todo lo abrupto, el exabrupto, y los
tonos disrruptivos.

Evitar lo ríspido, lo áspero, lo sinuoso;
preferir el ripio de la repetición.

Evitar el uso de significantes dudosos:
la ambigüedad encubre el conflicto, la
contradicción, acérrima enemiga del espíritu
sereno.

Evitar la provocación injustificada o gratuita
(conviene sospechar de todo lo gratuito)
y toda tensión innecesaria: la necesidad es tensión.

Extenderse en la contemplación de cursos
sosegados y paisajes emanados por la armonía
incontrastable de la Naturaleza, sabia y pródiga
en estímulos inútiles.

Evitar toda actitud y disposición que no nos
reconozca como parte del Orden Natural:
La Naturaleza es sabia y es inútil, condición
que bien asumida es el mayor signo de
sabiduría.

Evitar las posiciones incómodas;
sostenerlas es trabajoso, y el trabajo
es tensión, mayormente inútil.

Evitar las pasiones dudosas:
Es menester ser selectivo
con las pasiones que se cultiven,
si es que no se puede prescindir.

La pasión crea dependencia, esclaviza
las almas desviándolas de su misión
divina, que se desconoce.

La pasión, sabido es, lleva al exceso
y todo exceso constituye un despropósito:

Hay que evitar los despropósitos,
los verbos irregulares y
el exceso verbal.

Y evitar,
evitar el verbo
evitar el verbo evitar
evitar el verbo
evitar.




miércoles, 29 de noviembre de 2017

Reacio

(Senecio Loserman)



Antes era reacio,
ahora soy recio.

Los recios no rezan ni aconsejan:
rezar no resarce de los avatares
de la vida, y es un signo de debilidad
-me persigno-

Todos tenemos un costado débil,
pero los recios nos cuidamos
de exhibirlo: la debilidad debe,
en cualquier caso
merecer nuestro rechazo.

Supe ser reacio a la plegaria
y al rezo. Hoy soy recio, ni
sensible ni sensato: recio y viril
como disponen las hormonas -yo
tengo tantas hormonas, que no las
puedo contar-

Los recios no rezamos, somos reacios
a la oración y al ruego: un recio
nunca pide.

Somos reacios que perdimos la a
en las arbitrariedades de la lucha
contra la debilidad,
en esos arrabales ágrafos. 



El derecho a réplica


(Abel A. Borda)

 
Nada que no sea replicable
me es ajeno, no me canso
de repetir: cada vez somos menos.

Hay que separar: la paja de la soja,
mi vida era un erial, una herida expuesta
a la reproducción automatizada, repito:
una serie de errores no forzados
floreciendo sin causa y sin motivo
en medio del camino que el tiempo
borroneó: un deshojar virtuoso
del pasado erigido en objeto poético
-hay que volver al pasado-

Lo que hay que hacer es repetir
en serie, la vida son ciclos y secuencias,
una serie de repeticiones a tramitar
sobre el paisaje de términos derivantes
-paisajes derivados: soja, sojeros, sojismo
y paisajismo a ultranza; deshojemos:
mi vida, un erial, un erial serial.

Estábamos mejor sin soja
y sin sojeros, ahora hay que volver
a cero: no se puede volver a ser
original, la soja nunca fue un cultivo
original -los originarios no conocían
la soja- Hay que volver a las lenguas
muertas.

Sólo los autodidactas podemos ejercer
la disidencia, aunque cada vez somos
menos: repito.



domingo, 29 de octubre de 2017

Servicios

(Onésimo Evans)


La profunda desigualdad entre las palabras
(las hay sólidas, aguadas, esdrújulas, evanescentes
y dudosas, soeces y engañosas, ambiguas y
ominosas; contamos con excesos verbales y
términos irreproducibles)

¿Las palabras entonces no sirven?

Sirven: dependemos de ellas,
para crear, creer, mentar, mentir, dudar
y crear dependencia.

Cumplen su servicio, obedecen
con la misma eficacia, al justo y al injusto,
al sabio y al necio, al pastor y al mercader,
al filósofo y al embaucador, al publicista y
al feligrés, al político y al poeta, a la víctima
y al victimario.

No necesitan ajustarse demasiado a nada,
la precisión no es un valor excluyente
ni reconocido por los contribuyentes.
Sólo la diferencia es necesaria:

Somos parte de un sistema muy diferenciado,
que apuesta a la diferencia; incorporamos y
emitimos diferentes discursos en el curso de
la vida: un sistema que se sostiene en relación
a las diferencias.

La palabra se ajusta a cualquier necesidad
y propósito; no necesita ser justa o injusta,
pero puede justificarlo todo.

La desigualdad es el rasgo predominante
tanto en las relaciones humanas
como en la lengua que las sostiene.

Aceptamos: Compartimos un mundo
donde impera la desigualdad y se impone
la diferencia -hay capacidades diferentes-

La aceptación de este enunciado
es condición para la reproducción
del modo de producción de diferencias
tanto como para aspirar a algo diferente.

La aceptación es condición
para la desigualdad:

-Aceptar-



martes, 17 de octubre de 2017

El cuerpo y la noción incorporable

(Dudamel Rambler)



Un cuerpo es una forma provisoria.
Percibimos: cuerpos perceptibles
e imperceptibles, cuerpos que perciben
otros cuerpos y que pasan desapercibidos
para una cantidad de cuerpos.

Todos los cuerpos son materia, pero no toda
la materia forma cuerpos.
La cantidad de materia es estable, no así la
cantidad de cuerpos: cada vez somos más.

Los cuerpos son diversos e incontables,
aunque finitos: contarlos, demandaría tanto
tiempo que no resultaría un emprendimiento
sustentable -además, el resultado nunca
sería definitivo: cuerpos aparecen y desaparecen
todo el tiempo-

Hay cuerpos estables e inestables; cuerpos duros,
blandos y dudosos, cuerpos homogéneos y
heterogéneos, cuerpos que mantienen su forma
y cuerpos que cambian.
Hay cuerpos que se mueven por sí mismos
-animados- y otros que permanecen inmóviles
mientras otro cuerpo no decida lo contrario.
Aunque la inmovilidad es relativa: los cuerpos
que reposan sobre este planeta -un cuerpo- se
mueven a una velocidad de 29,5 km/seg. Para
acceder al verdadero estado de reposo, un cuerpo debería
viajar a esa velocidad pero en sentido contrario; y no
es fácil: en algún momento ese cuerpo se alejaría del
cuerpo del planeta -pero para hacerlo debería superar
la fuerza de gravedad- El reposo absoluto no existe,
o bien no es un estado sustentable.

Hay cuerpos que emiten otros cuerpos,
y cuerpos que son incorporados por otros:
una mecánica natural entre cuerpos animados.

El comercio de los cuerpos conoce formas
diversas, algunas más populares que otras.

El comercio es una forma de comunicación
común a todos los cuerpos animados.




martes, 19 de septiembre de 2017

Derechos naturales

(Abel A. Borda)



¿La vivienda es un derecho?
Sí, pero también un negocio, y los derechos,
como sabemos, son todos negociables: se
obtienen por medio de luchas y negociaciones
-la negociación es una forma de lucha, una
expresión evolucionada y menos violenta-

Se lucha por mejores condiciones, para obtener
un precio justo, o para hacer respetar derechos,
aunque a menudo la lucha sea infructuosa. No se
puede dejar de luchar, abandonar la lucha, la lucha
es algo natural en las comunidades civilizadas.

Los derechos humanos no son algo natural, sino
el resultado de siglos de luchas y negociaciones.
La negociación es una resolución del conflicto
propia y exclusiva de organismos muy desarrollados,
criaturas altamente organizadas: Negociamos
desde que conocemos el comercio de la palabra -el
comercio y la palabra son atributos exclusivos del
humano, los otros animales no negocian ni son
capaces de crear riqueza.

Los derechos humanos, que hoy nos resultan algo
natural, son menos naturales que toda la violencia
contenida en nuestra historia.

Distintas culturas y comunidades, no reconocen
por igual esos derechos: la noción de derecho,
como los criterios de justicia, son interpretaciones
signadas por la subjetividad de cada cultura.

Entre los derechos humanos el más aceptado
como natural es el derecho de piso.



 
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