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martes, 20 de mayo de 2025

Plagas indeseables

 

(Epifanio Weber)

 

Una plaga recorre la patagonia,

y está haciendo estragos:


Un animalito de menos de 1 kg,

pero un carnívoro voraz, capaz

de comer animales más grandes

que él:

 

Un depredador,  cuya reproducción 

está fuera de control.


Como nosotros, es mamífero

aunque no autóctono, sino que fue

introducido hace años por el valor

de su piel.


Era considerado un recurso para

la producción de tapados que,

aunque son abrigados, ya no se

usan:


La caída de la demanda desterró 

la industria,  dejó de ser negocio

despellejar visones.


El visón americano no lo sabe, y

sigue comiendo y reproduciéndose

sin ningún criterio, completamente

ajeno a las necesidades humanas y

su desarrollo sustentable.


Algo había que hacer para acabar con

este flagelo. Se están tendiendo todo

tipo de trampas, aunque sin mayores

resultados.


Las autoridades están estudiando otras

propuestas de los vecinos notables,

como importar algunos casales de 

lobizones americanos:

 

Son buenos cazadores y no le hacen

asco a nada.  Después, habrá que ver

qué hacer con ellos.

 

Tal vez le encontremos alguna utilidad

a la piel de lobizón, o al menos a su

carne, o a su aullido. 




lunes, 19 de mayo de 2025

Pingos

 

(William Arsenio Pereyra)

 

Se ven los pingos,

véase: ahí en la c

como en la cresta de la o,


obsérvese el respingo

de la vocal abriéndose:


ahí están, como se ve,

como chanchos en la arena,

embadurnados a sus anchas como

perros paralelos a sus colas:  esas

como cuellos de faisanes fariseos,

facetados y anodinos, casi listos para

el degüello.


Ahí están, como se puede ver,

empinándose hacia si como potro

desbocado a fondo que se le anima a

casi todo, como toro ensardinado en

rodeo ajeno que enajenado embiste

sin medida lo que sea que vea:


Enlodado hasta los tuétanos

no ceja ni repara, encharcado

en sangre propia, o ajena o tal

vez ambas, no le importa saber.


Ahí como se ve, en lo enlodado,

enchastrando arenas sin sentido:


Ahí están, esos son, no disimulan

ni escatiman fuerza al movimiento

desenfrenado: un zafarrancho de

energía dilapadada para nada.


Véase: Su puro instinto sobre

la arena inmóvil ya insensible,

cubierta de sudores, sangres y

fluídos seculares en exceso.


Ahí están, son lo que hacen

y es ahí donde se ven los pingos,

pringosos, desentrazados y haciendo

sus chanchadas sin medida, con todo

desparpajo.


Algo que no conduce a nada,

como se puede ver, casi como

ésto, al menos hasta acá.


domingo, 18 de mayo de 2025

Amor, goce y división de poderes

 

(Elpidio Lamela)

 

Babas benditas

circulan sin pudor

entre ávidas y lívidas.


Un paisaje que desciende

de sí mismo como hábito

propicio, del que se añoran

los añicos.


Cada generación

genera sus propios estímulos

y los fluidos necesarios para

el goce del amor.


Pueden confundirse, pero nunca

son lo mismo. Las evidencias

engañan a los ojos, como ejes

opuestos por el vértice.


El amor es divisible por Dios:

Descendemos de la división

primordial, progenitora, que dio

inicio a la reproducción del mundo

amable: Somos el planeta del amor.


En cambio el goce, es fruto de la

carne ¿O es ella quien desciende

del goce del otro?


¿Es todo lo que se conoce?


No, el goce es una propiedad de

la materia, aunque no toda: la que se

dice animada y altamente organizada.


¿Cuanto más se organiza, más goza?


No es seguro, pero menos averigua

Dios y perdona.


También nosotros gozamos de la capacidad

de perdonar, pero no se puede perdonarlo

todo, es lleva tiempo: Con el tiempo, lo que

no se perdona se olvida.


¿Sólo la organización vence al tiempo?


Habría que preguntarle a los vencidos; no

sabemos mucho del tiempo, y del goce un

poco menos:  sí, que tiene vencimiento. 


Sólo disponemos de un conocimiento

específico, individual y bastante parcial.


Con el goce no se puede ser imparcial,

ni neutro.


Sin embargo, sabemos que es una propiedad

de la materia, y de propiedades sabemos más,

gozamos de sus distintas funciones y de las

oportunidades de la apropiación.


Algunos goces dejan algo que desear,, pero

sin deseo no hay goce genuino y verdadero

sino equivalentes dudosos.


Hay mucho que aprender, todavía. Pero tenemos

tiempo, somos una especie joven, dinámica y

emprendedora.


En la medida que incorporemos el conocimiento

adecuado y útil, gozaremos cada vez más. Un

día gozaremos de todo.


Ahora, hay que saber gozar con propiedad

y organizarse como Dios manda.


sábado, 17 de mayo de 2025

Cantar del asalariado

 

(Rogelio Rogel)

 

No quise asalariarme.

No era mi vocación,

pero a falta de opciones

tuve que resignarme.


Te noto más adecentado,

me dijo un amigo asalariado

(ignoro si obedece a vocación)


Ahí reconocí el valor de saberse

asalariado. No importa el monto

del salario:


Puede que no alcance a cubrir

el costo de vida, ni la canasta básica

y parezca una miseria.


Pero es una seguridad, no hay tantas

y eso vale mucho en estos tiempos

de escasez de seguridades y valores.


Alcanzar la condición de asalariado

nos asegura la dependencia, que es

lo único que nos une a nuestros

semejantes: 

 

sean asalariados, aspirantes, 

descendientes, emergentes 

o dependientes.


viernes, 16 de mayo de 2025

Epitafios inéditos al costo

 

(Tomás Lovano)

 

Puedo escribir los silogismos más dudosos

esta noche, pero todavía no anochece:

Ahora anochece a las ocho, decía un poema

memorable del que sólo recuerdo ese verso.


Me gusta citar poetas memorables, eso me

asegura que no los copio: Prefiero repetirme

que copiar.


Podría escribir epígrafes lustrosos

como lápidas inéditas al caer la tarde,

pero caigo en la cuenta que cayó.


Puedo escribir por ejemplo: los ejemplos

no sirven para nada y servirme como ejemplo:

 

el cielo está cubierto y todavía

no se conoce a los responsables:


Nadie se cubre solo, hay un silencio cómplice

y mucha soledad encubierta.


(Todos sabemos que la soledad es mala

compañera, pero es mejor estar solo que

mal acompañado)


Podría escribir axiomas incunables, proverbios

envidiables y aforismos irrefutables. Podría

escribir retruécanos simétricos perfectos y

algún exceso verbal irreproducible.


Ahora es tarde y el cielo está cubierto

por la noche: El problema de saberse capaz

de mucho es que el tiempo no alcanza para

todo, y al final no se hace nada.


Tampoco significa que haya que sentirse solo,

somos muchos los que no hacemos nada

bajo distintos pretextos.


Puedo escribir los mejores epitafios

esta noche, como ofrenda perdurable

al mundo de los vivos, que no siempre

es el mismo:


Moré sin saber morar,

morí sin saber morir.


jueves, 15 de mayo de 2025

A preguntar se aprende preguntando

 

(Serafín Cuesta)

 

A nadar no se aprende nadando.

Si fuera así, nadie pagaría por

aprender y no habría profesores

de natación.


Se puede imitar a los que nadan,

y salir a flote, como tantas cosas

que se incorporan desde la

observación y la repetición, pero

no es lo mismo:


El nadador autodidacta nunca será

reconocido, y sabe que no podría

competir con un nadador verdadero.


En el agua, no somos todos iguales,

tampoco los peces.


No importa si es verdadero o falso

el volumen de agua en que se nada:


La verdad, nunca fue muy popular.


Hay muchos que viven y mueren

sin haber nadado nunca, lo que no

les impide repetir con éxito:


A nadar se aprende nadando.


miércoles, 14 de mayo de 2025

El valor de la nota

 

(Senecio Loserman)

 

Siempre tenía que dar la nota,

era la pregunta:


No respondía, no tenía esa respuesta.


¿Tenía o no tenía?


No sabía, vacilaba en silencio

y volvía a dar la nota

que era la misma que había dado.


No era un dador por naturaleza,

pero su falta de respuesta denotaba

algo peor:


un silencio redondo, cargado de

violencia incalificable, un silencio

redondamente indeseable como una

nota no deseada.


¿Merecía esa nota?


¿La aceptaba y reconocía por voluntad

propia como algo dado?


¿Era una nota justa, aunque no esperada

o era justo la nota equivocada?


¿Podía no haberla dado y evitar el mal

momento a todos como se evitan tantos?


¿Podía evitarlo y pasar desapercibido

dando otras notas sin que se notara su falta?


No tenía una respuesta acorde, no recordaba

el valor de las notas que responden como se

debe.


No sabía, hacía silencio y volvía a dar

la nota: la misma que había aprendido

a repetir como una muletilla coja

que vacila sobre una baldosa floja.


La única nota que resolvía en silencio,

un silencio que contenía todas las

respuestas justas.


 
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