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miércoles, 29 de noviembre de 2017

Reacio

(Senecio Loserman)



Antes era reacio,
ahora soy recio.

Los recios no rezan ni aconsejan:
rezar no resarce de los avatares
de la vida, y es un signo de debilidad
-me persigno-

Todos tenemos un costado débil,
pero los recios nos cuidamos
de exhibirlo: la debilidad debe,
en cualquier caso
merecer nuestro rechazo.

Supe ser reacio a la plegaria
y al rezo. Hoy soy recio, ni
sensible ni sensato: recio y viril
como disponen las hormonas -yo
tengo tantas hormonas, que no las
puedo contar-

Los recios no rezamos, somos reacios
a la oración y al ruego: un recio
nunca pide.

Somos reacios que perdimos la a
en las arbitrariedades de la lucha
contra la debilidad,
en esos arrabales ágrafos. 



El derecho a réplica


(Abel A. Borda)

 
Nada que no sea replicable
me es ajeno, no me canso
de repetir: cada vez somos menos.

Hay que separar: la paja de la soja,
mi vida era un erial, una herida expuesta
a la reproducción automatizada, repito:
una serie de errores no forzados
floreciendo sin causa y sin motivo
en medio del camino que el tiempo
borroneó: un deshojar virtuoso
del pasado erigido en objeto poético
-hay que volver al pasado-

Lo que hay que hacer es repetir
en serie, la vida son ciclos y secuencias,
una serie de repeticiones a tramitar
sobre el paisaje de términos derivantes
-paisajes derivados: soja, sojeros, sojismo
y paisajismo a ultranza; deshojemos:
mi vida, un erial, un erial serial.

Estábamos mejor sin soja
y sin sojeros, ahora hay que volver
a cero: no se puede volver a ser
original, la soja nunca fue un cultivo
original -los originarios no conocían
la soja- Hay que volver a las lenguas
muertas.

Sólo los autodidactas podemos ejercer
la disidencia, aunque cada vez somos
menos: repito.



domingo, 29 de octubre de 2017

Servicios

(Onésimo Evans)


La profunda desigualdad entre las palabras
(las hay sólidas, aguadas, esdrújulas, evanescentes
y dudosas, soeces y engañosas, ambiguas y
ominosas; contamos con excesos verbales y
términos irreproducibles)

¿Las palabras entonces no sirven?

Sirven: dependemos de ellas,
para crear, creer, mentar, mentir, dudar
y crear dependencia.

Cumplen su servicio, obedecen
con la misma eficacia, al justo y al injusto,
al sabio y al necio, al pastor y al mercader,
al filósofo y al embaucador, al publicista y
al feligrés, al político y al poeta, a la víctima
y al victimario.

No necesitan ajustarse demasiado a nada,
la precisión no es un valor excluyente
ni reconocido por los contribuyentes.
Sólo la diferencia es necesaria:

Somos parte de un sistema muy diferenciado,
que apuesta a la diferencia; incorporamos y
emitimos diferentes discursos en el curso de
la vida: un sistema que se sostiene en relación
a las diferencias.

La palabra se ajusta a cualquier necesidad
y propósito; no necesita ser justa o injusta,
pero puede justificarlo todo.

La desigualdad es el rasgo predominante
tanto en las relaciones humanas
como en la lengua que las sostiene.

Aceptamos: Compartimos un mundo
donde impera la desigualdad y se impone
la diferencia -hay capacidades diferentes-

La aceptación de este enunciado
es condición para la reproducción
del modo de producción de diferencias
tanto como para aspirar a algo diferente.

La aceptación es condición
para la desigualdad:

-Aceptar-



martes, 17 de octubre de 2017

El cuerpo y la noción incorporable

(Dudamel Rambler)



Un cuerpo es una forma provisoria.
Percibimos: cuerpos perceptibles
e imperceptibles, cuerpos que perciben
otros cuerpos y que pasan desapercibidos
para una cantidad de cuerpos.

Todos los cuerpos son materia, pero no toda
la materia forma cuerpos.
La cantidad de materia es estable, no así la
cantidad de cuerpos: cada vez somos más.

Los cuerpos son diversos e incontables,
aunque finitos: contarlos, demandaría tanto
tiempo que no resultaría un emprendimiento
sustentable -además, el resultado nunca
sería definitivo: cuerpos aparecen y desaparecen
todo el tiempo-

Hay cuerpos estables e inestables; cuerpos duros,
blandos y dudosos, cuerpos homogéneos y
heterogéneos, cuerpos que mantienen su forma
y cuerpos que cambian.
Hay cuerpos que se mueven por sí mismos
-animados- y otros que permanecen inmóviles
mientras otro cuerpo no decida lo contrario.
Aunque la inmovilidad es relativa: los cuerpos
que reposan sobre este planeta -un cuerpo- se
mueven a una velocidad de 29,5 km/seg. Para
acceder al verdadero estado de reposo, un cuerpo debería
viajar a esa velocidad pero en sentido contrario; y no
es fácil: en algún momento ese cuerpo se alejaría del
cuerpo del planeta -pero para hacerlo debería superar
la fuerza de gravedad- El reposo absoluto no existe,
o bien no es un estado sustentable.

Hay cuerpos que emiten otros cuerpos,
y cuerpos que son incorporados por otros:
una mecánica natural entre cuerpos animados.

El comercio de los cuerpos conoce formas
diversas, algunas más populares que otras.

El comercio es una forma de comunicación
común a todos los cuerpos animados.




martes, 19 de septiembre de 2017

Derechos naturales

(Abel A. Borda)



¿La vivienda es un derecho?
Sí, pero también un negocio, y los derechos,
como sabemos, son todos negociables: se
obtienen por medio de luchas y negociaciones
-la negociación es una forma de lucha, una
expresión evolucionada y menos violenta-

Se lucha por mejores condiciones, para obtener
un precio justo, o para hacer respetar derechos,
aunque a menudo la lucha sea infructuosa. No se
puede dejar de luchar, abandonar la lucha, la lucha
es algo natural en las comunidades civilizadas.

Los derechos humanos no son algo natural, sino
el resultado de siglos de luchas y negociaciones.
La negociación es una resolución del conflicto
propia y exclusiva de organismos muy desarrollados,
criaturas altamente organizadas: Negociamos
desde que conocemos el comercio de la palabra -el
comercio y la palabra son atributos exclusivos del
humano, los otros animales no negocian ni son
capaces de crear riqueza.

Los derechos humanos, que hoy nos resultan algo
natural, son menos naturales que toda la violencia
contenida en nuestra historia.

Distintas culturas y comunidades, no reconocen
por igual esos derechos: la noción de derecho,
como los criterios de justicia, son interpretaciones
signadas por la subjetividad de cada cultura.

Entre los derechos humanos el más aceptado
como natural es el derecho de piso.



miércoles, 30 de agosto de 2017

Falocentrismo y cultura

(Ester Miño)



En Japón, celebran el día del pene.
Penes de diverso tenor
desfilan por la vía pública
acunados por jóvenes japonesas.

Penes imponentes, penes desmesurados,
penes desmembrados participan
de la fiesta popular, desde su erección
indeclinable: una desmesura que sólo
puede ser propia de una cultura
desmesurada.

Esto despejaría la principal duda existencial,
metafísica, ontológica de todos los miembros
de la población masculina: el tamaño no es
un tema menor, el tamaño importa.

Los japoneses no tienen fama de ser bien dotados
(alguna vez leí un informe -hay que leer de todo-
sobre la medida media viril en las distintas etnias
o comunidades -hay gente dispuesta a medirlo
todo- y si bien no recuerdo los guarismos, los
africanos estaban a la cabeza -glande- entre los
beneficiados por la generosidad de la Naturaleza
en este rubro, al contrario de los nipones)

Es justo que las japonesas se expresen en libertad,
enarbolando inopinados penes, reivindicando su
aspiración a un mayor volumen de goce; el goce
es salud y la salud es un derecho.

Hay penes derechos y torcidos, penes excesivos,
hay penes y penes:  penes penosos que no valen un
penique, penes irrisorios, penes risibles y penachos
irreductibles e inopinables.

Acá no tenemos un día asignado a esa celebración,
pero ostentamos como monumento nacional
un imponente falo enclavado en el centro de
nuestra capital.

En cuanto a los japoneses, hay que decir
que las estadísticas son siempre sospechosas
(pienso en Op Oloop, el estadígrafo que con rigor
profesional se había impuesto la tarea de visitar
cada día de su vida un burdel, para recoger información
sobre actitudes y conductas en diversos tipos femeninos,
y lo cumplía a rajatabla. Quería conocer el alma femenina,
algo inútil; ya Freud lo hubo intentado
concluyendo en la famosa pregunta:
¿Qué quieren las mujeres?)

lunes, 21 de agosto de 2017

Poesía y Capitalismo (Sobre el poema de Juan Gelman)

(Onésimo Evans)



Toda poesía es hostil al capitalismo,
aún cuando la hostilidad no se manifieste.

-Pero el capitalismo ha dado buenos poetas…
-Sí, como el esclavismo, el feudalismo y otros
humanismos.

Del mismo modo, hay quien sostiene que debemos
al capitalismo el desarrollo de la ciencia y la evolución
de la tecnología que hoy disponemos.
Un argumento débil:  La producción de conocimiento es 
muy anterior al capitalismo, este sólo le ha fijado una 
dirección, que es la que le resulta útil.  Así, se han 
producido conocimientos que fueron discontinuados
por ser hostiles a los intereses del capital.

La poesía, el sistema poético, es hostil
a todos los sistemas, y es hostil a las definiciones:
No hay una definición definitiva, la poesía
se defiende no siendo idéntica a sí misma.

El capitalismo suele tolerar todo aquello
que no lo reproduce ni lo representa,
mientras no moleste.

Un poeta puede molestar, o no.
Un poeta no tiene por qué ser popular -hay quien
sostiene que no puede: habría contradicción entre
esos términos-

El Capitalismo es más popular que la poesía:
Los sentimientos propios del capitalismo, como
el sentimiento de propiedad, la codicia, la astucia,
el servilismo, la traición, el oportunismo, son
en nuestra tradicion más populares que el
sentimiento poético.

Se podría profundizar en esta relación
entre capitalismo y poesía, pero el capital
rechaza la profundidad, sólo quiere sujetos
superficiales, seres seriales que entablen relaciones
superficiales: El valor está en la superficie, todo
lo útil está aquí.

Hay autores que sobrenadan esa superficie,
se adaptan a las condiciones impuestas
a cambio de mantenerse a flote.

Pero la poesía es hostil a las adaptaciones,
la poesía es riesgo y aventura; debe elevarse
para llegar al fondo, debe agitar y cuestionarlo
todo: Debe alterar el orden, la poesía
linda con la filosofía y con la locura.
No puede, el poeta, dejar de ser profundo,
no puede negociar: el poema no es literatura
y “la poesía sólo exige la abolición del mundo”




(Toda poesía es hostil al capitalismo:  Poema de Juan Gelman)
 
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