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lunes, 5 de febrero de 2024

El cebo y el placebo

 

(Periferio Gómara)

 

Amancebarse es fácil, siempre

que sea bueno el cebo.


Hay cebos para todos, es cuestión

de seleccionar y saber cebarse

observando las condiciones propias

del cebo deseado o elegido.


Hay cebos adaptables, renovables y

fungibles; hay cebos amigables y

extensibles, algunos más durables:


No se sabe del todo hasta completar

la cebadura: Hay qie ir probando y

conocerlos, algunos no son lo que

prometen ni son lo que parecen.


No conviene cebarse así nomás, sin

tomar ningún recaudo.


Los cebos van y vienen, como el

amor, y todos funcionan según la

necesidad del cebando. Algunos

se van domesticando con el tiempo.


Amancebarse es fácil en principio,

pero hay que saber cebarse, con

paciencia y sin premura: El buen

cebador no apura su cebadura.


domingo, 4 de febrero de 2024

La división del trabajo

 

(Nicasio Uranio)

 

-Yo siempre viví de mi trabajo, no le

debo nada a nadie.


-Está bien, muy meritorio. Pero la segunda

parte me parece un poco injusta, seamos

sensatos: No podría decir eso si alguien

no le hubiera dado trabajo. Debemos ser

reconocidos y honrar nuestras deudas, si

somos honestos. La ingratitud y el egoísmo

no suman.


-No estoy sumando ni restando, sino

expresando mi posición: Todo lo que tengo

y lo que soy, es fruto de mi trabajo. A nadie

debo nada.


-No se incomode, estamos del mismo lado,

creo que los dos creemos en la cultura del

trabajo. Sólo que mi visión es un poco más

amplia y menos egoísta.


-¿Usted también vive de su trabajo?


-Se podría decir, aunque hace mucho que

superé esa instancia y pude trascender lo

meramente personal, dejando atrás el

individualismo: Yo doy trabajo, soy uno

de los que hacen posible que otros puedan

acceder a una vida digna. ¿Entiende?


-Sí, entiendo que lo suyo es de una generosidad

encomiable. Seguro es más digno que yo, un

simple trabajador.


-No, vea: Las comparaciones siempre son

odiosas. Estamos en el mismo barco, hay que

remar y punto.


-Claro, pero no sé si todos remamos como yo.


-No crea, yo para llegar acá la tuve que remar,

no fue fácil: Nadie me regaló nada, me hice

de abajo. Hay que dejar los egoísmos de lado

y mirar para adelante.

 

-¿Qué hay adelante?

 

-Adelante está el futuro que estamos construyendo

juntos.Este barco nos necesita a ambos: ustedes

ponen la fuerza del trabajo y nosotros todo lo demás

para convertirlo en riqueza, desarrollo y oportunidades.

 

-¿Oportunidades?  Yo adelante sólo veo una jubilación

de hambre y miseria...

 

-Bueno, yo soy de mirar el vaso medio lleno. Siempre 

hay matices, eso es lo que hace que el futuro sea una

aventura excitante.


sábado, 3 de febrero de 2024

Estás en el lugar correcto

 

(Encarnación Segura)

 

Era una persona centrada,

verosímil en sus apreciaciones

y sensata en sus juicios de valor

que rayaban la corrección.


Pero, en ocasiones, decía cosas

fuera de lugar.


Ante todo, si somos capaces de

observar empatía, hay que ponerse

en el lugar del otro; tengo para mí.


Si todos pudiéramos ponernos en

ese lugar, nadie diría esas cosas y

gozaríamos de la sana convivencia

sin mayores conflictos.


Pero necesitamos al otro

para que asuma sus culpas

y pague por ellas.


(También lo necesitamos para poder

diferenciarnos y gozar en libertad

del sentido de pertenencia)


Luego, con la sentencia firme y

bien ejecutada, las condiciones sí

serían, por fin, otras:


Habría más lugar, sin esos otros,

y más lugares de expansión para

disfrutar con empatía.


Todos seríamos pares

y cualquiera podría decir cualquier

cosa con toda libertad, sin temor a

ser tergiversado por terceros.


Un tercero siempre es otro,

y no siempre lo vamos a necesitar

ni a soportar.


viernes, 2 de febrero de 2024

Una propuesta excesiva

 

(Aparicio Custom)

 

Mi percepción puede ser excesiva,

pero no es la única:


No hay un sentido preciso y unánime

del exceso, y su acceso es simple y

directo en relación a otros sentidos.


Hay cientos de sentidos, arriesgar una

cifra sería excesivo. Los más populares

son los de acceso directo, como el tan

mentado sentido común, que nos permite

comunicarnos, aunque emitamos palabras

sin sentido:


Esto resulta improbable, el sentido ya fue

producido y su existencia es, en parte,

ajena a la voluntad del emisor, que lo

reproduce cada vez que emite esa palabra.


Cada una posee más de un sentido, y al

articularlas dan lugar a otros, para que nos

entendamos:


Este equívoco, que podría parecer excesivo,

es la condición natural del lenguaje, que no

es algo natural aunque sea una creación animal.


Entre los animales excesivos, se encuentra

el poeta, que produce sentido con los medios

comunes de uso público, pero de otro modo.


Sus recursos varían entre sujetos, pero suelen

servirse de ese equívoco constitutivo del

lenguaje, poniéndolo en tensión hasta unos

límites, que pueden resultar excesivos.


Poetas o aspirantes, estamos hechos de excesos;

somos organismos complejos, seres compuestos

que no conocen sus propios límites, y nunca

dejaron de buscarlos.


El discurso poético, es una anomalía del sistema

que nos comunica, su utilidad esencial y los modos

de producir sentido.


El exceso de sentido es considerado también un

rasgo patológico, conocido somo significosis.


¿Te resultó útil este poema pedagógico?


No, claro, ésto no es un poema,

aunque tampoco es algo tan distinto:

Según cómo se lo lea, podría aspirar a serlo,

con intentar no se pierde nada. Hasta aquí

llegó, extenderse más sería excesivo.



jueves, 1 de febrero de 2024

El gallo amancebado

 

(Olegario Saldívar)

 

Los gallos son criaturas que se ceban,

es fácil que lo hagan; además, aman cebarse

y se amanceban sin ningún protocolo.


Si el gallo exacerbado se ceba

y encabrita, antes de remontar vuelo;

si se va de boca y empieza a desparramar

injurias infundadas como un chichipío,


no sería extraño que mastique la mano

que lo amamanta.


No conviene contradecirlo, tampoco lo

provoques ni excites con discursos

encendidos o inflamados:


Un gallo cebado no se espanta como un

ave de corral genérico, ni se aplaca como

la alpaca.


Por el contrario, sabe excitarse con su

propio exceso; se arenga a sí mismo

como tropa patria, se ensoberbece y se

florea, empoderado como un dios

incompetente pero obstinado.


Es mejor no atorarse y dejarlo que

se explaye sin rodeos, evitando el

roce de sus zonas íntimas, sin

contrariarlo ni contradecirlo:


La violencia sólo produce violencia

y le ofrece argumentos para victimizarse,

que tal vez sea lo que desée:


No es una criatura inocente, si hubiera

alguna. Y se sospecha que posée poderes

ocultos y saberes indeseables.


Como el demonio de Tasmania, el gallo

sabe que el Infierno está vacío, y puede

emitir y hacer público cualquier exceso

sin temor a la sanción de los organismos

competentes y las autoridades divinas,


a diferencia de nosotros, los pecadores.


miércoles, 31 de enero de 2024

Partida

 

(Tomás Lovano)

 

No me abandona la nostalgia,

olvidar el pasado lleva tiempo.


Yo supe ser un alfil blanco, no

me iba mal, sabía como hacerme

respetar por propios y extraños.


Pero el tiempo es una cruz

y hay que cargar con ella. Llegó

la noche y me alcanzó el ocaso;

todo oscurece…


Ya no soy blanco, más que en la

memoria, que también declinará,

aunque la nostalgia no me abandone:


Ni blanco ni alfil, ahora soy ésto:

un oscuro y pobre peón, dispuesto

al sacrificio.


No creo que llegue a ver el fin de

la partida, hay que partir.


martes, 30 de enero de 2024

Para volver a creer

 

(Amílcar Ámbanos) 


Hay que apostar al pasado,

reflexionó el sabio, último

discípulo de los filósofos del

futuro.


Estoy persuadido, sólo se aprende

del pasado: más precisamente, de

los fracasos del pasado.


Si no volcamos la vista hacia atrás,

jamás lo entenderemos, y seguiremos

repitiendo los mismos errores.


Debemos aprender a leer la historia,

sin despreciar ninguna de sus voces,

ni aún aquellas que no tienen ningún

valor.


La sabiduría es patrimonio de mentes

abiertas, que dialogan en forma continua

con el pasado, el presente y el futuro.


Los filósofos del futuro, ya lo venían

expresando desde hace tiempo y sin

rodeos:


Siempre apostamos al futuro,

y el resultado está a la vista; no hay

margen de error para otro fracaso.


Sólo los necios insistirían con este

despropósito: Hay que volver al

pasado, al menos hasta que estemos

en condiciones de superarlo, para no

repetir una historia que ya fracasó.

 
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