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miércoles, 6 de marzo de 2024

La emoción de recuperar la libertad perdida al nacer

 

(Aparicio Custom)

 

El apego emocional es una cárcel

para el alma, te hace ver virtudes

donde no existen y esperanzas

donde no las hay.


No te confíes, es mejor ser cauteloso:

No te apegues a ninguna emoción,

procura prescindir de todas las que

involucren a otras personas o seres

vivos.


Y disfruta en plenitud la verdadera

libertad de una vida sin emociones.


Seamos libres, que lo demás no

importa nada: Dijo el Libertador.



martes, 5 de marzo de 2024

Una visión superadora

 

(Encarnación Segura)

 

Tenía una visión acartonada

de mi misma, y mi papel en

este mundo.


Hay otras visiones, otra formas

de mirarse, pude entrever ante

el espejo, como en una epifanía.


No hay por qué tener ningún papel

en esta obra, sea divina o fruto del

azar y su selección natural.


Desde mi ventana, observaba el paso

fluido de los cartoneros multiplicados.

Se detienen ante el contenedor de basura

y obran con naturalidad:


Ellos saben ejecutar su papel; reproducen

el sentido de búsqueda. Todos buscamos

lo mismo: un sentido a lo que hacemos.

A eso vinimos.


La búsqueda puede ser más o menos

infructuosa, según interpretemos el

papel asignado.


Mas descontracturada, en otra epifanía

descubrí que era tarde y aún no había

sacado la basura.


Entonces, puse manos a la obra:

Somos lo que hacemos, no hay misión;

el papel sirve para absorber la humedad

natural de nuestros residuos.


lunes, 4 de marzo de 2024

¿Los poetas no van al cielo?

 

(Ricardo Mansoler)

 

En el cielo no hace frío,

tampoco el calor del infierno.

Allí, nadie piensa en el infierno

ni en pronósticos meteorológicos.


Cuando no hay necesidad de pensar,

no se piensa; salvo los poetas y los

filósofos.



(Ésto me lo contó un poeta muerto

por privado)


Contra lo que pudiera pensarse, los

poetas van al cielo salvo excepciones.

Pero a otro cielo, no al que conocemos.


En realidad, no es mucho lo que se puede

conocer en esta vida, ciertamente acotada,

condenados a obedecer necesidades,

cumplir mandatos y atender obligaciones.


El cielo nos fue dado por la literatura

religiosa que, como toda literatura, es

pura fantasía, pródiga en promesas que

nunca se cumplen.


No podemos vivir sin fantasía, la vida es

bastante penosa en este plano. Después,

es otra cosa: ya no existe la esclavitud

del tiempo, y disponemos del suficiente

como para perderlo, sin culpa, ya sea en

emitir poemas infinitos o en otros

pasatiempos: Casi que no pasa el tiempo.


Ahí nadie piensa en el tiempo

ni en pronósticos: No se necesita.

Algunos ni saben que están en el cielo,

no es necesario saberlo.


Se sabe que hay otros cielos, que a nosotros

los vivos nos son tan ajenos como ese que

conocemos por referencias.


Aunque nos fuera permitido conocerlos,

no nos alcanzaría el tiempo.


Los poetas muertos no tienen ese problema;

tienen tiempo de sobra para aventurarse a

conocer todo lo que deseen. Incluso de esa

pluralidad de cielos que a nosotros nos excede.


Pero no desean, no tienen necesidad y no gustan

moverse mucho: están bien ahí, son reacios a

abandonar el estado de reposo por la aventura

del conocimiento.


En realidad, no necesitan saber más de lo que saben,

y es probable que para acceder a otros cielos, no

reúnan las condiciones, ni los méritos suficientes:


Sólo son poetas.


domingo, 3 de marzo de 2024

Otra experiencia irrepetible

 

(Nicasio Uranio)

 

Hubiera avanzado más

si no me movía.


Pero hay un rechazo natural

a la inmovilidad: nuestra naturaleza

la rechaza.


Ahora recojo esta experiencia.

Nunca es tarde para saber que

es tarde.


¿Es el estado de reposo, lo opuesto

a la vida? No lo creo; o sí, sólo si

avanzamos hasta sus últimas

consecuencias.


Por lo que sabemos, todo lo que hacemos

tiene consecuencias. Tanto como lo que

no hacemos.


Luego, hay cosas que no haríamos, pero

algo hay que hacer para reducir la exposición

a las arbitrariedades del azar o el desiino.


¿Qué pasaría si uno decidiera permanecer

inmóvil, indiferente a todo lo que circula

y a merced de todos los movimientos ajenos

que nos rodean?


¿Seguirían trabajando los músculos involuntarios,

los órganos que dependen de la musculatura lisa?


¿La respiración se volvería lenta y pausada, hasta

detenerse en forma definitiva?


Sería una experiencia vital, para saber hasta dónde

podemos avanzar. Ahora no avanzo: Recojo esta

experiencia:


Hubiera vivido más si no me moría.


Los límites de la perfección

 

(Aquino Lamas)

 

Dios podría ser perfecto

y más que eso, no se sabe

por ahora.


Pero no parece ser proporcional:

A unos da mucho y a otros nada,

y hasta les quita lo que no tienen.


¿Es una entelequia?


Si fuera así, la entelequia divina

sería perfecta, por lo menos.


Entre estas proporciones

yace una verdad tan inexorable

como sólo El puede hacerlo.


Y podría ser perfecta.


Nuevas capacidades disponibles

 

(Senecio Loserman)

 

Arsenio lambe el linde septentrional

de su mapa patrio, con el fluído autóctono

de sus glándulas nativas.


Arsenio es un niño pequeño.

El pequeño Arsenio lambe con fruición.

Transcurre su deseo en armonía

con su sistema límbico y otros.


Arsenio, Señora, tiene capacidades diferentes,

aunque no se autoperciba. Debemos asumirlo:

Todos tenemos capacidades diferentes, que

tal vez no conocemos, ni conoceremos:


Autopercibirse es difícil, entre tanta diferencia.

El desarrollo de la lengua no limita

la emisión normal, ni el natural fluir entre los

cuerpos solidarios al paisaje de términos.


Hay un mapa genético, y un contorno

en desarrollo con múltiples funciones:


Todos estamos desarrollando algo todo el tiempo,

que acaso no conocemos: una idea, una respuesta

patológica, un deseo inconfesable o una condición

propicia para una simple patología sustentable.


No se preocupe por Arsenio, señora:

No autopercibirse también tiene sus ventajas.

Es posible que no sepa lo que hace, pero no está

solo, ni es el único, le puedo asegurar.


sábado, 2 de marzo de 2024

Cómo calcular el interés compuesto

 

(Elpidio Lamela) *

 

-Ud. tiene una frase un tanto ambigua…


-Bueno, tengo varias. Mis frases más 

felices son las ambiguas.


-Me refiero a una en particular, que suele

repetir: Los intereses son inseparables.


-Sí, es correcto.


-Los intereses en función de sujeto, resaltan

la falta del objeto directo. Lo entiendo como

incompletud, falta un término: inseparables

de qué, de quién, se pregunta el lector.


-Lo dejo a su criterio. Mis frases suelen ser

abiertas, para que el lector las pueda completar.

La incompletud es propia del sujeto, y a mi me

interesa ofrecer distintas lecturas, dando lugar

a la elección del receptor. Nunca soy pontificante

ni taxativo.


-Entiendo, pero sin el objeto directo el lector

puede sentirse desamparado y solo. Tal vez

sin voluntad de pensar tanto pierde el interés.


-El interés es algo que se pierde. Una interpretación:

Los intereses son inseparables entre sí, cualquiera

de ellos está vinculado a otro, y éste a otro formando

una cadena que nunca suelta al sujeto.


-¿A eso se refiere cuando habla de la cadena de valor?


-Bueno, es más amplio, pero en un sentido último sí:

No hay valor sin interés, ni interés sin valor.


-¿No cree en las relaciones desinteresadas?


-No, alguna vez creí, pero fui perdiendo el interés.


-Pero le asigna algún valor a la palabra, en tanto escribe.


-Las palabras no tienen ningún valor cuando no responden

a un interés. Un buen ejemplo es la poesía, que carece de

valor de cambio y sólo circula entre un grupo reducido, que

suelen ser los mismos que la escriben.


-También afirmó que no le interesa lo que escriben los otros.


-Sí, procuro ser sincero; si no lo fuera escribiría narrativa.

Pero no, nunca se me ocurriría escribir una novela, por

ejemplo. A Borges tampòco, tengo entendido.


-¿Se compara con Borges?


-No, no me interesa lo que escriben los otros, como

dije.


Eso es bastante extraño. Toda la cultura existente

abreva en la apropiación: Uno recoge lo que ya existe, ya

sea para desarrollarlo, cuestionarlo, imitarlo, o lisamente

copiarlo…


-Sí, asi funciona, y conocemos el resultado. No es algo

que valga la pena reproducir.


-Aún así, convengamos que usted no podría escribir lo que

escribe, ni ser lo que es, sin toda esa cultura que lo precede

y lo rodea.


-Es verdad, estamos rodeados, y no podemos hacer mucho

ni aspirar a ser originales. Por eso es que no me interesa lo

que escriben los otros, como tampoco lo que escribo yo.


-¿Y por qué escribe, entonces?


-No lo sé, tal vez por no tener otros intereses.

 

***

 

(*)  Entrevista al poeta Tomás Lovano




 
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