(Manuel Santos Lupanares)
Las evidencias engañan,
advirtió el lobo, aunque
algo tarde: la oveja ya
se lo había comido.
Recoge la moraleja
¿O necesitas ayuda?
No te engañes
con los que se escudan
en supuestas evidencias:
Nadie te ayuda.
Las evidencias engañan,
advirtió el lobo, aunque
algo tarde: la oveja ya
se lo había comido.
Recoge la moraleja
¿O necesitas ayuda?
No te engañes
con los que se escudan
en supuestas evidencias:
Nadie te ayuda.
Destiné un tiempo precioso
a corregir un poema.
Al cabo, resultó una pérdida
de tiempo, no noté que el poema
hubiera sufrido ninguna mejoría.
Debe ser la falta de costumbre.
No suelo corregir lo que escribo,
ni antes, ni después.
No es por un exceso de vanidad,
no creo que sea perfecto lo que
hago. Sólo los buenos poemas
admiten correcciones, los malos
son incorregibles.
No podría afirmar que sean todos
igual de malos, como tampoco lo
contrario:
A veces, alguno me deja buenas
sensaciones, una satisfacción que
luego se diluye con el tiempo.
Tal vez, sea ése el momento
de retomarlo y practicar las
correcciones necesarias.
Pero prefiero escribir otro, no
acostumbro a corregir; para eso
están los correctores.
Hay quienes escriben poemas correctos,
no es mi caso. Dicen que en todo poeta
habita un crítico severo. El mio, tendría
un retraso madurativo.
No me afecta la crítica, todo el mundo
tiene derecho a emitir juicios de valor
sobre todo.
No sé cuánto valor podría agregarle
una buena corrección a un poema,
pero respeto el goce de la crítica.
No suelo criticar poemas ajenos,
aunque sé percibir uno bueno.
Creo que tanto unos como otros
son necesarios: Si no existieran
los malos, habría que inventarlos.
Si no, no podríamos valorar
un buen poema.
El expansionismo es un humanismo.
Desde que dimos comienzo a la Historia
nunca hemos dejado de expandirnos.
A partir del éxito expansivo
desarrollamos otros humanismos
como el imperialismo, el colonialismo,
el capitalismo, el extractivismo.
A la vez, desarrollamos el sedentarismo,
el especismo, el antropocentrismo
y distintos fundamentalismos.
La naturaleza expansiva multiplica
los humanismos, haciendo que florezcan
nuevas especies como el cuentapropismo,
el emprendedurismo y el oportunismo.
La necesidad expansiva
también se verifica en la producción
creciente de eufemismos.
Nadie ha camnbiado el mundo
tanto como nosotros, una especie joven,
dinámica y emprendedora.
No estamos solos:
Los animales nos hacen más humanos,
algunos más que otros,
aunque los valoramos a todos
como parte de la biodiversidad,
que necesitamos para expandirnos.
El expansionismo es un humanismo,
confiamos en nuestro metabolismo:
Somos el metabolismo elegido.
La superación es posible,
pensó Carlos Gardel aquel día,
en el Hipódromo, al ver como
su pingo, una fija, aflojaba,
y era superado por otro,
en la raya, por una cabeza.
En realidad, era Alfredo Lepera
el verdadero protagonista, pero
a la hora de disputar protagonismo
Gardel no tiene competencia.:
Gardel es Gardel, acá, en la China
y en cualquier esquina de la Cochin
china. Nadie puede competir con él.
Después, cualquier cacatúa podrá
imitarlo, soñar con su pinta y creerse
Gardel. Pero para las chinas, Gardel
hay uno solo, es único y todas
sueñan con él.
Después, van bajando la vara
con el tiempo y se conforman
con cualquier cosa.
Gardel es Gardel, no hay otro
Gardel.
Es mejor reconocerlo, como Tito
Lusiardo, su ladero fiel, que supo
acompañarlo en todas conservando
un lugar subalterno, sin pretensión
ninguna de disputarle protagonismo.
La superación es posible: Gardel
lo supo y cada día canta mejor.
todos podemos esforzarnos para ser
más competitivos y superarnos, como
buenos potrillos ,potrancas, jinetas
o jinetes.
Hay que saber montar y ser montado
y estar disponible a todo: No hay nada
que no merezca ser superado, salvo
Gardel.
La libertad no existe
sin la medida. Todas las formas
están definidas por su contorno,
es decir sus límites.
Mis mejores obras,
son las que obedecieron a encargos.
Constreñido a un tema, un número
de palabras, una cantidad de líneas,
encontraba las mejores condiciones
para expresarme con libertad.
Ésto afirmaba Valèry, en uno de sus
ensayos. Los ensayos, como es sabido,
son lo mejor de su obra.
Hay que dejar de lado los prejuicios
al leer, y al escribir. Un ensayo puede
ser tan poético como un poema, o más.
Una mente libre, supera todos los
los condicionamientos externos,
y sabe ajustarse a los límites impuestos,
tanto como a los propios.
¿Qué sería lo propio si no conociéramos
sus límites, es decir los nuestros? ¿Serían
tan nuestros desconociendo la mdida?
Medir es conocer: La libertad no existe
sin la medida, y es necesario que exista
para poder conocerla y trasgredirla,
distorsionarla, o subvertirla.
La libertad, como la propiedad,
son tributarias de la medida,
que es lo que les provee sentido.
¿Qué sería lo propio, si no conociéramos
límites, si no pudiéramos medirlo?
La propiedad objetiviza la libertad
individual, sintetizó Hegel. Luego,
hubo distintas interpretaciones, eso
también es parte de la libertad.
El desarrollo genera nuevas
necesidades (cada objeto creado,
crea también su necesidad)
Medido en términos de evolución
histórica, a medida que el desarrollo
resuelve las necesidades básicas,
produce otras.
Éstas mejoran la calidad de vida,
primero en los sectores acomodados,
para luego ampliarse a los otros, en
la dinámica natural del desarrollo.
Todo esto es verificable y mensurable:
Todos podemos hacer el ejercicio
de retroceder en el tiempo y verificar
las necesidades que fuimos agregando.
El desarrollo nos proveyó de todo tipo
de herramientas e instrumentos
de medición, algunos más útiles que
otros, según el grado de desarrollo
del consumidor.
No hay nada que no pueda medirse,
o casi nada. Hemos desarrolado todas
las magnitudes necesarias y los artefactos
apropiados para obtener las medidas que
necesitamos. Aunque podríamos necesitar
más.
Es posible que en algún momento
de la evolución, la producción de medidas
y medidores adquiera tal magnitud
que quede fuera de control.
¿Podríamos incurrir en la desmesura
de estar midiendo todo todo el tiempo
sin mayor sentido?
No, cada uno puede producir su propio
sentido y circular libremente, como siempre
lo hicimos. No sabemos mucho del sentido,
cada cual lo busca en la medida de sus
posibilidades.
No podemos medirlo, pero lo buscamos,
aunque se nos vaya la vida buscándolo:
vivir sin sentido es triste: Es mejor evitarlo
y tomar alguna medida.
Lo que no se puede medir, no existe.
La precarización laboral
no para de crecer, tanto
como el cuentapropismo
y la desocupación.
¿Es para preocuparse?
¿Hay un cambio de época?
¿Que hay de cierto en el crecimiento
del desierto abonando las teorías
que se ajustan?
Prometen nuevos ajustes: Se trabaja
sin descanso en la producción
de argumentos que justifiquen
los próximos ajustes, que no serán
los últimos.
¿Ajustar es justo?
No, sólo es justo cuando es necesario.
Y estos ajustes eran necesarios para
sostener el equilibrio de la economía,
que justifica todo.
II
Si nos ajustamos a la verdad histórica,
no hay por qué preocuparse:
La desocupación es una creación humana,
no existía hasta hace poco más de un siglo.
Tampoco se conocía el trabajo precarizado:
La precarización es producto de la evolución.
Éstos son hechos objetivos, el resto son
especulaciones argumentativas con el fin
de justificar el éxito o el fracaso histórico,
según la posición del observador.
El hombre inventó el trabajo
para justificar el sometimiento
y la dominación de unos sobre otros.
Luego comprobó que funcionaba
y lo desarrolló, creando el trabajo a destajo,
el trabajo sucio y el trabajo forzado,
junto a otras opciones que hacen a
la división del trabajo.
Sin duda, somos lo más creativo
que produjo la naturaleza.