(Absinia Bending)
Los amantes de la buena mesa
son fieles y prolijos, no faltan
a sus promesas y se acercan
con premura, se aproximan, se
desnudan y se estudian:
Se presentan a la mesa y la
comparten a su modo, como
se comparte una buena presa
entre buenos cazadores y
amantes de la carne.
Una buena mesa, sabe
como servir a sus amantes.
Ella se ofrece sin reparos, los
recibe en su seno, amangulándose.
Ellos se nutren de su amor,
se montan a la mesa amada
y la aman con lo puesto, que
es todo lo que tienen:
cuerpos unidos a su mesa.
Bienaventurados hijos del placer,
sumados a su mesa, confundidos
en ella como una masa informe
que se pega al cuerpo de la mesa.
La buena mesa los abraza, sin
preguntar el origen de sus pecados
ni formular otras preguntas fatigosas:
(Esas mesas nunca preguntan:
son de buena madera, buenas mesas
para armar y amar sin esperar sorpresas)
Fundidos en el cuerpo del deseo
compartido de esa mesa, hacen tábula
rasa y se hunden en el sueño que los mece
desde el fondo de la historia de la mesa.
Después vendrá la sobremesa, compartida
con los restos del exceso y con la mesa
amada tanto, que todo lo sostiene
y no pregunta cuántos son
ni cuánto es:
Una buena mesa nunca pregunta.
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