(Horacio Ruminal)
Desempolvé mi puerta
y lubriqué los goznes
como aporte solidario para
recuperar la memoria del pasado,
cuando todo encajaba: saliendo,
entrando de función en función
y la Historia funcionaba.
La libertad siempre fue una
conquista histórica, sujeta a
derecho:
Cuantos más derechos conquistados,
más se allana el camino hacia la
libertad: Ese punto lejano, donde no
habría ya nada que conquistar.
II
La puerta, como sujeto, tiene su historia.
Pero sigue funcionando con un mantenimiento
adecuado. No pierde la memoria y su vida
útil puede prolongarse sin dificultad, incluso
más allá de su usuario o beneficiario
en usufructo.
Lubricar es bueno, como todo lo que prolonga
alguna utilidad: El lubricante es una conquista
histórica que permite reducir los daños naturales
del tiempo, en función del rozamiento de las
partes afectadas al movimiento.
Antes de su conquista no había lubricantes,
ni puertas: Había que arreglarse con lo que
había y nuestras relaciones eran promiscuas
y lúbricas. Nadie gozaba de vida privada
y la intimidad nos era desconocida.
III
Mi puerta entornada goza de buena salud
y sigue funcionando, a diferencia del
sujeto histórico.
Puedo ver el paso de la Historia, sin
chirridos ni ruidos molestos,
ni al abrir ni al cerrar.
Mi aporte fue útil, aunque la solidaridad
haya perdido su valor y no parezca funcional
a la libre circulación de la evolución.
La libertad no avanza, aún no están dadas
las condiciones para un salto cualitativo
tan peligroso.
Pero las palabras sirven para todo,
y funcionan sin necesidad de que
la libertad avance: Pueden, incluso,
servir para todo lo contrario.
La libertad no avanza, pero la Historia
sigue su camino.
Algún día, las palabras se volverán inútiles
olvidarán su función, sin necesidad de otro
sujeto histórico.
Serán Historia, y nos olvidarán.
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