(Abel A. Borda)
Una risa razonable
me acompañó hasta casa.
No observaba los protocolos
de uso; reír solo es opinable,
pero siempre tuve opiniones
encontradas y en eso soy bien
riguroso: no hago diferencias,
todas las opiniones me dan risa.
La brisa nocturna traía aromas
y suspiros, evocándome esas
flores que sólo se abren por la
noche.
Algunas nunca las veremos, tal
vez no existan más que en nuestra
imaginación olfativa.
Abren de noche, cierran de día.
Al revés de nuestras carnicerías.
Nosotros nos abrimos y cerramos
en cualquier momento del día, o
de la noche; es indistinto:
A diferencia de otros organismos,
no nos dejamos llevar por el instinto.
II
La noche está poblada de antófagos
volátiles que medran, como yo,
atraídos por perfumes misteriosos.
La noche siempre fue un misterio para
los animales diurnos como nosotros.
Es un misterio que seamos casi los únicos
seres vivos que emiten risa. Es razonable
aprovechar este privilegio biológico
y reír sin medida ni motivo.
Aunque motivos no nos faltan,
ni protocolos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario