(Pascual Rambler)
La ranura vacila, desencajada
ante la vista del espéculo.
Se encrespa, y aún crispada
se reprime contrayéndose
hasta el hábito:
si hay incontinencia que no se
note, se repite sin fisuras.
Contiguas aferencias acrisolan
la tensión heredada
por generaciones
de esfínteres idénticos.
Lo que no se acumula se pierde
o se evapora; o se filtra entre
los hábitos que pasan y se
escurre entre ranuras invisibles,
sin el instrumento óptico adecuado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario