(Ricardo Mansoler)
A diferencia de Dios,
el poeta no siempre sabe
lo que hace.
Aunque a veces, pareciera
que sabe, o al menos parece
que supiera.
Quién sabe.., lo cierto es que
lo hace y, al hacerlo se parece
a Dios, aunque no crea en Éste
ni en ninguno.
No hay que llamarse a engaño:
Él sabe que no es Dios, pero lo
emparda en dos cosas, a saber:
Está solo, a imagen semejanza
y sabe que sólo puede confiar en
su Voluntad, que no conoce límites.
Aunque la diferencia es insalvable,
ambos saben cómo engañarnos,
haciéndonos creer que saben lo que
hacen.
Tal vez sí, no lo sabemos. Pero el
poeta, no siempre sabe lo que hace.
A veces, parece que supiera y puede
que lo sepa: No sabemos.
Pero nunca es tanto, lo que sabe,
como para no hacerlo y controlar
su voluntad desmadrada.
Por ello, no puede alcanzar la condición
divina, por más que nos engañe.
Y contra eso, Dios no puede hacer nada:
Todo engaño le es ajeno. Si no, no sería
el que es, ni sus milagros verosímiles.
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