(Nicasio Uranio)
Le gustaba jugar por el medio
como volante mixto o polifuncional.
No tenía las características de central,
raspaba un poco pero no tenía la marca
de un cinco.
Tampoco era un creativo, un armador,
y no participaba del juego asociado.
Lo suyo pasaba por la simetría: estaba
siempre tan lejos de los atacantes
como de los defensores.
Defendía su posición, ahí en el medio:
El mejor lugar para leer el partido con
un panorama completo y ver pasar el
esférico en un sentido u otro.
Son pocas las pelotas que no pasan por
el medio. Esa ubicación, aumentaba sus
chances de entrar en contacto con el útil,
casi siempre en forma azarosa, ya que
sus compañeros no solían pasársela por
voluntad propia:
No confiaban mucho en sus dotes técnicas,
ni en su capacidad de decisión y sólo lo
abastecían cuando no tenían otra alternativa
de pase y se veían exigidos por una marca
pegajosa.
Su personalidad tampoco lo ayudaba
a generar confianza: Al carecer de voz
de mando y capacidad de liderazgo, solía
pasar inadvertido para propios y extraños,
manteniéndose en un plano secundario.
Sólo en una ocasión mostró algo distinto:
Fue en una tarde única, o una noche inolvidable:
En un ataque de inspiración, dominando un
balón proveniente de un error ajeno, ante una
marca vacilante que esperaba el pase cantado
al compañero que trepaba solo por el lateral,
amagó el pase y se mandó para adelante,
armando una jugada descomunal que sorprendió
a todos, para dejarle el gol servido al compañero:
No era egoísta, o bien conocía sus limitaciones.
Ese día inolvidable, esa noche, con esa sola jugada
trepó a la gloria recibiendo el reconocimiento
unánime de todos los compañeros, e incluso del
público, que le había sido tan esquivo.
Hay cosas que pasan cuando tienen que pasar,
a veces una sola vez en la vida; hay que disfrutarlo.
Después, hay que mantenerse y claro, es más difícil.
La gloria no dura mucho, sobre todo sin vocación de
líder y sin ayuda de las circunstancias: Ahí es cuando
hay que saber manejar los tiempos.
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