(Senecio Loserman)
Hay que ponerse al servicio
de la vocación, desde el primer
momento, y disponer todos los
medios para su desarrollo.
Antes, incluso, de conocerla,
hay que estar disponible. No
importa cuál sea:
No obedecer su llamado
significaría renunciar a la felicidad
en esta vida, y podría no haber otra.
Servir a la vocación, es el primer
acto de servicio y es la única manera
de destinarse a aquello para lo que
uno podría servir, si lo hubiera.
Es también, la única manera de poder
sentirse socialmente útil, más allá de
la vocación abrazada:
El sentimiento de utilidad, nos integra
a este mundo que, como sabemos,
sólo busca aumentar utilidades.
Abrazada la vocación, se comprueba
que estar abrazado a algo es siempre
mejor que vacilar a merced de la
corriente.
Yo, hace muchos años que me puse
al servicio de la vocación: No dejo
de estar atento y sé que voy a encontrarla.
Al menos, ya descarté unas cuantas:
También es válido, ante la duda, tomarse
el trabajo de probar e ir descartando:
Tarde o temprano se llega, aunque sea
por descarte, a la verdadera vocación.
Hay quienes siguen probando, durante
toda la vida con el error y el ensayo,
hasta descubrir su verdadera vocación:
La vocación de cambio.
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