(Alí Carnazo)
Desentonan a tiempo
entre el tronar de los destronados
que esperan escarmiento.
Trizas que destiñen como copas
de árboles extintos. Nidos truncos,
desterrados en legítima defensa,
completan el paisaje.
Lo que no se ve, hay que imaginarlo:
Destinos que larvados reverberan
con sus lazos luminosos apagándose.
No quedan huellas, ni residuos
de la oferta y la demanda.
El vuelo humilde de un neófito
vuelve a pasar inadvertido
para los enterradores de turno:
Ellos sólo piensan en cadáveres,
su fuente de trabajo y la única
segura.
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