(Senecio Loserman)
Un sueño soñaba anoche,
soñé que era acosado:
No era la mujer de mis sueños
pero tampoco era para despreciar.
No se parecía a Jane Birkin, ni
tampoco a aquel amor imposible
de la juventud. Pero me provocaba,
no sé qué le atraía de mi.
Al final, insistió y me robó un beso,
no pude hacer nada: Uno es de carne
y la carne es débil cuando sueña.
El trámite se demoró bastante,
no fue uno de esos besos que se dan
para salir del paso.
Sentía como que lo prolongaba
para disfrutar la experiencia única
de besar una boca desdentada.
Tanto fue así, que quiso compartirla
con su hermana, que en un abrir cerrar
se sumó a la escena y me encaró
con decisión, sin que pudiera resistirme.
No se parecía mucho a su hermana,
aunque a ella sí la reconocí: era Soledad,
todo el mundo la conoce, aunque no sea
en la intimidad.
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