(Antístenes Oquendo)
Si hay un alma sincera,
esa es la mia.
No se trata de una confesión
propia de un poeta confesional
que confiesa su convicción
íntima al poema, con esa carga
emotiva intensa, que sólo pueden
transmitir los buenos poetas.
Si hay un alma sincera….
Es mucho más que eso: Darío,
padre del modernismo en nuestra
lengua poética, es también uno
de los poetas más sinceros
de su generación.
Este verso, además de dar testimonio
de su propia fe, sintetiza y celebra
el sentimiento de propiedad fundante
de la civilización y fuente de toda
razón y justicia:
No sólo lo celebra y lo pone en valor
sino que lo objetiviza en el alma:
¿Qué hay, o puede haber más propio?
Los cuerpos son negociables, todos
conocemos un precio y una cotización
sujeta a su condición material
y a las fluctuaciones en los valores
del mercado.
El alma, en cambio, es una propiedad
inalienable por ser intangible.
El comercio de la carne, sólo aplica
a los cuerpos, como el de la palabra.
El alma no posee valor comercial,
no existe un mercado de almas.
Ni el diablo sale a comprar almas,
nunca lo necesitó.
La redacción propia, el pensamiento propio
o la experiencia propia, son cosas que
se obtienen, podemos compartir
El alma, es lo único que nos pertenece
en forma incondicional y para siempre,
hasta que la muerte nos separe.
Es la única propiedad que no se puede
enajenar ni compartir.
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