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martes, 10 de enero de 2023

Jack de corazones

 

(Aparicio Custom)

 

Diez corazones tiene la lombriz

de tierra (las otras no se sabe)


Nosotros nos arreglamos con uno,

más desarrollado y altamente

organizado. También más grande,

aunque proporcional, por lo común

al cuerpo.


Un corazón muy grande es peligroso,

el aumento de su volumen puede ser

el signo de una disfunción o patología

(No todo crecimiento es auspicioso)


Las patologías del corazón

no se contagian por contacto estrecho,

pero una vez detectadas hay que tomar

ciertos recaudos:


No tenemos más que uno.


Si bien ha habido casos de reemplazo

exitoso por uno ajeno, natural o artificial,

existe siempre el riesgo del rechazo:


Conviene conservar el propio en condiciones

aceptables. No pocas veces rechazamos algo

sin saber por qué.


Si fuéramos lombrices, podríamos prescindir

de alguno, o entregar un corazón a algún

necesitado. No sabemos si hay lombrices

solidarias, la lombriz solitaria no lo parece.


También ignoramos si las lombrices

tienen hijos del corazón: hay bastante

literatura del corazón y no tanta de lombrices.


¿Serán felices?


Difícil de averiguar, pero tengo una corazonada:

Si con un solo corazón a uno le cuesta ser feliz

no quiero pensar en la pobre lombriz, con diez

y a veces once.




domingo, 8 de enero de 2023

Hijos únicos del deseo ajeno

 

(Carlos Inquilino)

 

El deseo no exige

más de lo que promete,


Luego se pierde

como un hijo natural

que sólo puede abandonarnos.


Hijo único, cuya procedencia

desconoce y vuelve a ser desconocida:


Siempre vuelve

el hijo no elegido.


El deseo es hijo de la Pérdida,

escribió un poeta conocido


¿Conocido?


No coincido, no hace falta conocer

demasiado para reconocerse en algún

poema perdido.


Es natural que me apropie:

¿Hay algo más natural?


Basta el deseo, que es hijo de la pérdida.

Cada uno es libre de apropiarse de lo que

pueda.


La culpa no muestra signos de arrepentimiento,

e hijos únicos hay tantos

como deseos truncos con descendencia.



viernes, 6 de enero de 2023

El poema equivocado

 

(Remigio Remington)

 

Estaba escribiendo el poema equivocado.

Al percatarme, dudé entre avanzar o

desandar camino y corregir el rumbo.


Hay que terminar lo que se empieza,

dijo la voz de la conciencia.

Intenté completarlo, pero fracasé.


Sin resignarme más de lo normal,

me concentré en un punto luminoso

de mi alma (toda alma tiene alguno)


y acepté: el error está en la aspiración;

yo no podría hacerlo mejor, sólo Dios.


Algo se iluminó: Ví a Dios caminando

sobre el agua, paciendo entre los frutos

del mar y multiplicando púbises de peces.


Sólo El es capaz de multiplicarlo todo,

y más, en cualquier condición, y más

allá de la justicia del producto.


Los submúltiplos de la Función Divina

sólo podemos agradecer, formar rebaños

y pueblos elegidos, confiando en la

bacteria primordial, madre de todo lo

animado.


No me animé a dirigirle la palabra;

no hizo falta:


Con su conocimiento infinito, iluminó

mi entendimiento con un halo de su luz

gestante de verdades:


El equívoco, lo ambiguo, son un bien;

algo constitutivo de todo lenguaje

humano que hace posible la duda

y la sana expansión de todo vacilar.


No pude agradecer, me urgía la necesidad

de volver a contemplar el poema

equivocado y completarlo.


jueves, 5 de enero de 2023

Accidentes naturales

 

(Aquino Lamas)

 

Salí del pozo

y volví a mi pocilga


Ahí estaba

como la había dejado


Me volvió el alma al cuerpo

al incorporarme a ella

y repasar cada detalle

en las comodidades de su

historia decadente


Recordé:

acá se me cayó el último diente

Y ahí estaba todavía

todavía está


Hay que salir del pozo

y olvidar los contratiempos:

El pozo es sólo un accidente


Volví a mi pocilga y recuperé

aquel sentido de pertenencia


Siempre se vuelve al primer amor,

después está el olvido


Mi alma no se contentaba

con haberla perdido.


miércoles, 4 de enero de 2023

La mentalidad ganadora

 

(Pascual Rambler)

 

Equipo que gana no se toca,

nosotros ganamos y ganamos;

no nos cansamos de ganar

y nunca nos tocamos,

ni nos dejamos tocar.


Alguna vez no ganaremos,

alguna vez nos va a tocar,

no se puede ganar siempre:

Hay que estar preparado


(Nunca nadie ganó siempre,

casi nada es para siempre)


Pero venimos ganando

y aspiramos a más. La mentalidad

ganadora nos impulsa a lo más alto

y a repetir la fórmula del éxito:


Jugamos a un toque, con velocidad

y precisión, forzando el error del otro

y atentos a aprovechar el error no

forzado que suele ser inevitable.


Creemos en el equipo, equipo que gana

no se toca.


Sabemos que alguna vez nos tocará

caer, pero la mentalidad ganadora lo

contempla y nos dispone a aceptar y

asumir la derrota con dignidad:


Un accidente ocasional no podrá mermar

nuestra confianza en el equipo y

su destino de grandeza.


Estamos preparados para todo,

venimos ganando y vamos por más:

La mentalidad ganadora nunca se conforma,

siempre nos repetimos: ¡Vamos, que todavía

no ganamos nada!


El hambre de gloria está intacta, nuestra fe

crece y se renueva, a diferencia del equipo,

que crece pero no se renueva:


Equipo que gana no se toca.


Hasta ahora la fórmula funciona, cuando llegue

el día en que nos toque caer y conocer el polvo

de la derrota, ahí nos vamos a tocar sin asco…


Y es probable que el entrenador meta mano

en el equipo, también.


lunes, 2 de enero de 2023

Los valores correctos: la lucha

 

(Aparicio Custom)

 

Lo único que justifica la lucha

es la defensa de los valores.


Los nuestros no son gran cosa,

pero los de ellos son mucho peores.


Lo más valioso que tenemos, puede

que sea nuestra convicción y capacidad

de lucha. Estamos convencidos:


La lucha incrementa nuestro valor

y produce otros valores.


La producción de valor es capital

para obtener sentido y superar los

contratiempos. El tiempo invertido

en luchar, casi nunca es tiempo

perdido.


El presente es de lucha, y el futuro también,

como lo fue el pasado:


A menos que abandonemos y asumamos que

nuestra lucha fracasó, aceptando las condiciones

que impone el enemigo.


Sabemos que el fracaso es el mejor maestro,

que lo que aceptamos nos transforma y lo que

negamos nos paraliza. Pero hay cosas que no

podemos aceptar (aunque podríamos compartir)


No bajamos las banderas ni abandonamos

la lucha. La verdad es una e indivisa.


Nos mueve un sentimiento indeclinable,

nos impulsa el amor, en su versión más pura:


el amor a la divisa es el único que perdura.


Dónde está mi gato

 (José Luis Greco)


Todos tenemos un gato

en la casa, en la memoria, en el alma

o al menos en el deseo.


¿Quién no deseó la libertad del gato

que entra y sale por cualquier hendija,

se sube a todas partes y se aventura a

recorrer las noches y los techos de

este mundo?


Luego vuelve, se estira y se relaja;

tal vez desaparezca en alguna de sus

camas -tiene muchas- y siga relajándose

hasta el sueño: Nadie sueña tanto como

un gato.


El material de sus sueños es un misterio

para nosotros, que sólo conocemos los

nuestros.


Mi gato me estaba mirando cuando empecé

a escribir, afuera y hace un rato.


Ahora duerme, adentro, en mi cama que es

una de las suyas.


Tal vez esté soñando el sueño de los justos,

o sueñe con aromas y sonidos que sólo ellos

perciben. O sueñe con otro gato, su hermano

de la vida que ya no está con nosotros…


Nunca sabremos lo que sueña nuestro gato,

es posible que sueñe que no es un gato.

 
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