(Amílcar Ámbanos)
Hallaron una cavidad antediluviana
en perfecto estado en una excavación
de rutina.
No descartan que pueda haber otras
más abajo.
La rutina, siempre oculta alguna
sorpresa.
Hallaron una cavidad antediluviana
en perfecto estado en una excavación
de rutina.
No descartan que pueda haber otras
más abajo.
La rutina, siempre oculta alguna
sorpresa.
Sólo nosotros tenemos un proyecto claro
y los equipos adecuados para desarrollarlo.
Sabemos lo que hay que hacer, y como
hacerlo. Creemos en nosotros, no hay otra
opción: Por fuera de lo nuestro no hay nada.
¿Quiénes somos los nuestros?
Bueno, esa te la debo.
¿No sabemos?
Es complejo, para precisarlo sin margen de
error primero hay que identificar al enemigo.
Hasta ahora no se pudo, nos está costando…
El enemigo muta, se mueve y mimetiza; tiene
sus recursos, que ya los conocemos bien. Y
después está el enemigo interno, aún más
difícil de detectar… Pero venimos bien, y
confiamos en los expertos de nuestros equipos.
¿Nuestros?
Esa es una pregunta capciosa, está fuera de
lugar. No vamos a entrar en ese juego. Sin
duda es parte de la estrategia del enemigo,
que busca crear confusión en la opinión
pública para medrar con esas contradicciones
que no reconocemos.
¿Por qué insistimos con el uso de la primera
persona del plural?
Es un recurso válido y legítimo: Yo siempre fui
y soy uno de nosotros. Tenemos una línea de
conducta.
Entre los artistas populares de los últimos 50 años,
sobresale la figura de Luis Alberto Spinetta, “el
flaco”, artífice de Almendra, Pescado Rabioso,
Invisible, que supo conjugar poesía y música en
una dimensión artística pocas veces alcanzada por
las expresiones populares hasta entonces, y acaso
ni después.
Lo que tal vez no todos hayan percibido, es que la
inspiración natural y primordial de su creación, era
el sexo. Toda su obra, prolífica, rica en matices,
diversa y siempre desafiante e innovadora, puede
ser leída como un canto a la pulsión sexual, esa
energía incontenible que nos mueve, y que bien
manejada puede hacer maravillas, como es el caso.
Basta repasar algunas de sus composiciones. Por
ejemplo, la emblemática “Muchacha, ojos de papel”.
Toda una metáfora alabatoria del orgasmo. No hace
falta ir muy lejos: ¿Adónde vas? quédate hasta el alba (metáfora metonímica,
alba, blanco, culminación, éxtasis) Después: no corras
más… (un pedido, que baje el ritmo del movimiento
para que el goce se prolongue en el tiempo y no acabe)
Por último: Duerme un poco y yo entretanto construiré,
un castillo con tu vientre hasta... (Acá introduce el sexo
oral para, a la vez, estimular la excitación de los órganos
competentes y posponer el orgasmo)
Muchacha, te haga reír (el sol, miembro viril, sujeto
dominante, centro del sistema) hasta llorar…
El final es la síntesis perfecta y culminación de la tensión,
toda esa energía creciente eclosionando en un clímax
donde risas, lágrimas y otros fluídos se confunden en la
plena armonía de la música y el poema.
Pero no sólo es esta canción, tan significativa para los
jóvenes de aquella época y las que siguieron, la que
muestra la centralidad del sexo en su poética. Bajo
distintas formas, ésto se puede apreciar en casi toda su
obra.
Ana no duerme, por ejemplo: Ana no duerme, sola en
su cuarto, sobre la alfombra, toca su sombra: Ana quiere
jugar… ¿A qué querría jugar, Ana? Es obvio que el
deseo sexual no la deja dormir (Ana es su hermana, y él
como el artista sensible que es, percibe esa inquietud y la
transcribe, penetrándola con su lenguaje poético, abierto
a todos los sentidos.
Luego, hay metáforas recurrentes al sexo en cualquier
tema que tomemos: “Jugo de lúcuma, chorreando en mi”
O, un poco más acá, “No te alejes tanto de mi” Parece un
pedido, más que una insinuación. Resulta bastante claro
el reclamo a su compañera ocasional, de controlar sus
impulsos y realizar movimientos más cortos para evitar
el desacople, algo común en jóvenes inexpertos/as.
Hay más, sólo es cuestión de buscar y saber interpretar
los juegos metafóricos, a veces muy sutiles y engañosos
y otras muy elaborados, como para enfrentar todos los
tipos de censura que suelen sufrir los artistas populares.
No quisiera extenderme, pero antes de concluir
no puedo dejar de mencionar otra pieza de colección,
donde se alcanza, tal vez, el punto más alto y más lejano
en la metafísica erótica de nuestro vate, sin duda, un
artista impar que supo elevar nuestra cultura popular
a alturas desconocidas hasta entonces:
“Me gusta ese tajo” Quizás no sea su obra más acabada,
un rock clásico y perfecto, duro y cuadrado y que puede
leerse como un blues rápido. Dura poco, pero lo dice
todo, sin metáforas; yendo a los bifes sin caer en la
banalidad. No creo que otro hubiera podido hacerlo.
En fin, no sé si este texto le aclarará algo a alguien,
pero lo que es claro, es que nuestro artista no parece
perder vigencia. Lo mismo ocurre con el sexo...
En esta carrera, el que se detiene
está perdido. Dijo el oficial instructor.
Pero en compensación, puede ver a
la vaquera de la Finojosa pastando
ganado con otros pastores: Siempre
hay alguna ganancia para el que se
pierde.
Perderse es fácil, la memoria es pura
asociación y aprovecha cualquier
ocasión para hablar de bueyes perdidos
y convocar a toda clase de pastores.
Una yunta de bueyes hablantes
podría ponerse en carrera, ante
la expansión de la depilación.
En cualquier caso, el resultado es incierto:
Hay demasiadas carreras para una sola
vida. Y nadie cree en la depilación definitiva.
II
El corrector autónomo en pleno uso,
me ordena rectificar el enunciado:
En toda carrera, el que se detiene pierde
(salvo que sea una parada estratégica o
logística en una carrera de regularidad,
carrera aburrida si las hay)
La vida es más que una carrera, es un negocio.
En el negocio de la vida, se gana y se pierde:
El orden es indistinto.
En la carrera de la vida siempre hay competencia,
hay que medir fuerzas y resistir los contratiempos:
No está muerto quien compite.
La vida, es una carrera contra la muerte.
Corremos con ventaja: ya conocemos
el resultado.
El cero ya no es lo que era,
ni la primavera,
ni yo
(que era un cero a la izquierda
para ser sincero)
ni aquel amor que circulaba libre
y se reconocía en la redondez del cero
como fiel submúltiplo.
Nada está como era entonces,
cuando el cero era uno más entre nosotros
y nadie dudaba de su neutralidad positiva.
Los pecados se lavaban, como la espada
y todo volvía a foja cero.
Confiábamos en el cero: la mayor parte de
la sangre que circula, pertenece al grupo cero.
No despertaba grandes pasiones, nadie lo
odiaba ni lo amaba mucho, pero sabíamos
que podíamos contar con él: un guarismo
sin mayores pretensiones, siempre dispuesto
a completar cifras mayores y cumplir su
función humilde como un servicio desinteresado.
Fue muy útil para actualizar nuestra moneda
nacional, sacando un cero primero, y luego dos,
tres, cuatro y tantos más para poder combatir
la inflación (un problema que nos aqueja hace
años. Hoy, gracias a los avances científicos en
el estudio e investigación, sabemos que es un
fenómeno natural)
II
Todos podíamos disfrutar, sin contratiempos
y en familia, las alternativas cambiantes de un
buen partido que terminaba igualado en cero.
Aceptábamos la condición vacante como algo
natural, un resultado abierto que no había por
qué cerrar.
No es bueno igualar hacia abajo, pero al menos
es una forma de igualar, mientras esperamos por
la igualdad de oportunidades.
El cero ya no es el que era. Algo pasó, y alteró
los valores que nos remitían a lo seguro, a partir
de la irrupción del sistema binario como fuente
de toda razón y justicia, y su desarrollo ya fuera
de control.
Poner en valor al cero fue un despropósito
con consecuencias imprevisibles.
Hoy, nadie sabe cuál es el verdadero valor
de nada ni nadie, incluso ni de sí mismo
(suponiendo que uno es una unidad)
Los nuevos valores impuestos, son tan inestables
como efímeros, y cada vez más dudosos: Salvo
los valores digitales, lo único que permanece es
el cambio, el valor de cambio.
III
El cero ya no es el que supo ser, un dígito
confiable si los hubo. La agregación de valor,
a partir del imperio del sistema binario y sus
aplicaciones, derivó en una crisis de valores que
puso en cuestión hasta nuestra propia condición:
Nuestro mundo binario funcionaba aceptablemente.
Había buenos y malos, izquierda y derecha, creyentes
y paganos, oficialistas y opositores, locadores y
locatarios, aptos e ineptos, amigos y enemigos, etc.
Había hombres y mujeres divididos en dos clases:
burgueses y proletarios. Éramos progresistas o
reaccionarios, y sabíamos que había hombres de
acción y hombres de palabra.
El mundo se dividía en el Norte y el Sur, con sus
colonizadores y colonizados.
No había mucho más, y aunque algunos aspiraban
a otra cosa, aquello era suficiente para respirar
cierta armonía y seguir cultivando esos valores
conocidos:
Sabíamos que podía haber otros, pero no
los conocíamos ni los necesitábamos.
La vida esa bastante previsible, si se era capaz
de adoptar los valores corectos.
Podíamos poner un cassette y escuchar El blues
y la verdad abstracta sin ninguna distracción y
con total normalidad. ¿Qué más hacía falta?
IV
El cero ya no es el mismo.
El Ser tampoco, ni las entidades autónomas,
ni las estructuras subalternas, ni los entes
autárquicos, ni el ser del Ente.
Algunos filósofos siguen vigentes, pero
hay otras lecturas: El mundo cambió,
ya nada es lo que era, ni lo que es.
¿Qué era lo que queríamos demostrar?
¿Qué había antes del cero?
¿Fue invento, descubrimiento, o Creación?
Se cree que lo debemos a los árabes, aunque
según las últimas investigaciones apareció
en la India, en el Siglo 300.
Luego lo exportaron a Europa para que
conquistara el mundo.
Pero en el Nuevo Mundo, los mayas ya lo
conocían y hacían cálculos complejos y
precisos, aunque no calculaban sus alcances.
(Hay quien sostiene que los chibchas también
lo conocían, pero lo ninguneaban)
El cero ya no es lo que era,
ni la primavera.
La neutralidad absoluta no existe,
el reposo absoluto tampoco,
por ahora.
Miré mi espada, y vi que amancillaba,
oxidada en un rincón obscuro y solo.
El acero ya no es lo que era,
hay que volver a cero.
Cuerpos útiles, sutiles, palmarios,
inconsútiles, volátiles.
Cuerpos aplicables, replicables o
sumables suplican y claudican
en escalas.
La degradación puede esperar
otro poco.:
Todas las carnes pueden servir
como carnada, antes de desencarnar
y descomponerse. Pero no aplican
por igual: hay que saber seleccionar
la adecuada, según la presa y la ocasión.
Así habló la voz amada,
siempre luminosa y plena de emanación
poética y distópica.
-Pero la carne no lo es todo, amor…
No, claro, también están los huesos y
el cartílago divino, que no llega a ser
carne pero tampoco su opuesto.
-¿Y qué es lo opuesto, amada?
Lo sabe Aquél que todo lo engendrara.
NO hay que pretender saber aquello
que El no quiso que supiéramos:
Siendo fuente de toda verdad y justicia,
nos hace saber sólo lo justo.
-¿Es justo que ignoremos una parte de
lo que somos?
La justicia que conocemos, siempre es
parcial. La carne no podría ser sin el
hueso, el cartílago y las distintas pieles.
-¿Podría ser Dios puro cartílago?
Es puro, hasta donde podemos concebir
la pureza. Podría ser un mucílago sutil
e infinito o un océano de baba sagrada.
-¿Estas oraciones que hilvanamos
configuran un verdadero sacramento?
No, somos verdaderos sólo cuando no
pensamos, y el deseo honra la carne que
lo resuelve, como dios manda.
La polilla del alfajor es bastante conocida,
aunque difícil de identificar:
suele confundírsela con otras, por sus
similitudes morfológicas.
(Hay quienes piensan que las polillas, como
las mujeres, son todas iguales. No, los
reduccionismos y gneralizaciones nos alejan
del conocimiento verdadero: las polillas no
son todas iguales, la variedad de especies es
muy amplia)
No consume todo el alfajor como un cristiano,
aunque podría hacerlo si tuviera el tiempo
necesario (no sabemos cuál es)
Tampoco elige marcas, como un contribuyente
bienpensante. No son un público exigente,
como nosotros.
Según investigaciones autorizadas, este insecto
es atraído por ciertos conservantes naturales,
que le sirven de alimento, despreciando el resto
del alfajor, que destinan a sus larvas.
Los conservantes permitidos no difieren mucho
en las distintas clases de alfajor, y no suelen ser
naturales (como tampoco lo es un alfajor)
Si bien hay una constante histórica en cuanto
a los valores permitidos, y en general, a todo
lo que permitimos, se registra un crecimiento
positivo como expresión del sesgo evolutivo:
Cada vez permitimos más.
II
La polilla también evoluciona, y su dieta
es bastante diversa como para permitirle
adaptarse al mundo que le ofrecemos, en
constante cambio:
Van incluyendo nuevos platos, a imagen
semejanza, y descartando otros (sea por
la dificultad para conseguirlos, por los precios
inaccesibles para su bolsillo, o por las nuevas
tendencias que se imponen)
Sin embargo, pese a no ser muy selectivas
al buscar su alfajor, también tienen afinidades
electivas, y según los expertos, prefieren el
alfajor Jorgito.
Para los consumidores de este producto
tradicional y autóctono, cabe recomendar
que verifiquen la fecha de producción y
de vencimiento. Aunque nada es seguro.
Por lo demás, no hay motivos para alarmarse
ni cambiar los hábitos de consumo: Esta
polilla es apacible y diminuta; tanto que suele
pasar desapercibida, y uno puede disfrutar su
alfajor sin enterarse que la incluía.
(Su aporte nutritivo no es significativo, pero
enriquece al del alfajor, que tampoco es mucho)