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jueves, 7 de diciembre de 2023

La mano es una prolongación del codo

 

(Serafín Cuesta) 


Borra con la mano

lo que escribe con el codo.


El codo corrobora:

la inversión funciona.


Coda:

 

Invertir es humano,

como escribir, borrar,

corroborar y tachar

lo que corresponda.

 

(Aunque es mejor borrar

sin dejar vestigios del error)




miércoles, 6 de diciembre de 2023

El roce no deseado y el goce con sentido

 

 

(Senecio Loserman)

 

Roza el desborde de la mengua

con los restos insanos de reservas

morales nativas. Adhiere al goce palatal

la pátina viscosa, vibrátil y morosa

deslizando ahora un exabrupto

proporcional, aunque irretráctil.


No ahorra displicencia en el apego

a lo mermable de otro avezado amor

que se escuece y funge como óbice

deseado para la imagen que no llega

a pronunciarse  (Aunque no es neutra)


¿Hay otras versiones?


En la flora íntima y autónoma del alma

del parásito inapropiable, cadáveres

sagrados vacilan y se hacinan

en preguntas obstinadas, tan tributarias

como irreproducibles por el cuerpo del

versátil:


¿Es el alma parásito del cuerpo?

¿O sólo prisionera que goza en cautiverio?

¿Hay un goce cautivo que acaso precipite?

¿Hay cadáveres para citar cuando llegue la

hora de la verdad y todo vuelva a repetirse

con la misma excitación que nos llevara

al éxito, en este sentido?


lunes, 4 de diciembre de 2023

Bajan las tasas de dignidad

 

(Epifanio Webber)

 

La humildad perdida

no se recupera

sin un auténtico deseo

igual o mayor a la unidad

perdida.


La dignidad está en saber

perder, y recuperar el deseo

de competir dignamente.


Hay que ser lo suficientemente

humilde para perderlo todo

y mantener la dignidad,

aunque después se dilapide.


El humilde nunca pide nada

aunque pase necesidad:

Hay que ser digno de todo lo

que se necesita.


No se necesita mucho para 

reconocerse digno,  pero tampoco

se necesita mucha dignidad:


El interés genuino por la dignidad 

auténtica declina, hay otros intereses.


Las necesidades pasan, pero

la dignidad perdida no se recupera


(Y la humildad dilapidada no podrá

ser renegociada)


domingo, 3 de diciembre de 2023

El diván poético

 

(Abel A. Borda)

 

-Dr., hay quienes critican la falta de

argumento en mis poemas.


-¿Usted qué cree?


-Creo que los poemas no necesitan argumento,

aunque no lo excluyen: Puede ser un recurso

cuando se carece de otros. Yo no juzgo los

poemas de otros…


-¿Le molesta que lo juzguen?


-No, al contrario, es una buena señal. Nadie

juzga lo que no le interesa. Aún cuando no sea

un juicio justo, es preferible a la indiferencia.


-Pero no es indiferente a los juicios ajenos…


-No se puede ser indiferente, este mundo no es

para los indiferentes. Pero los respeto, ellos

tienen sus argumentos.


-¿Son necesarios para emitir juicio?


-Sí, pero no más que eso. El poema, como la

vida, no necesita argumento.


-Siguiendo ese pensamiento, se podría decir

que la vida es pura improvisación…


-Mayormente, aunque lo de pura me parece

un exceso.


-¿En qué sentido?


-No conozco nada puro. Tal vez la miel, pero

nunca es seguro, salvo que uno fuera su propio

apicultor. La improvisación pura exige un

grado de libertad que no tenemos.


-¿Se siente limitado a la hora de improvisar?


-No es algo personal, es algo propio de nuestra

condición social y a la vez, natural. A toda hora

estamos limitados, improvisamos dentro de ese

marco acotado.


-¿Podemos hablar de una poesía de la resignación?


-Sí, podemos hablar de cualquier cosa, para eso

está la función poética. Hay poemas que reniegan

de la poesía, tal como se la entiende en sentido

genérico, desde un punto de vista formal.


-¿Está improvisando ahora?


-Es algo natural para mi, siempre fui un

improvisado.


-¿Se reconoce?


-No tengo problema en reconocerme.


-Eso es importante para la creación. Algunos

entienden la escritura poética como una forma

de conocimiento.


-Conozco ese argumento; no lo contradigo: Un

poema es un monólogo que aspira a la repetición

y puede servir a uno y a otros como uno.


-¿Parte de un plan concreto para escribir?


-No, puedo partir de un plan abstracto, o ni eso.


-¿Se ciñe a alguna pauta, respeta alguna forma?


-No, lo dejo librado a la improvisación, que es

parte de la vida: El poema es un organismo vivo,

o al menos debe comportarse como si lo fuera.


-¿Debe imitarla?


-Reflejarla.


-¿Parodiarla?


-O parafrasearla.


-Un buen argumento para afirmar que la mayor

aspiración poética es la pura repetición.


-Las repeticiones nunca son puras, y siempre

revelan algo nuevo.


-¿Está improvisando?


-No, este argumento no me pertenece, sólo lo

reproduzco.


-Y podría servir de argumento a un poema…


-Ocasionalmente, pero sería un poema parasitario,

y ya hay más que suficientes. Mis poemas no

necesitan argumento, para eso está la vida,

aunque no suelen ser lo que uno desearía. Hay que apostar a la improvisación, como el poema.


-Eso suena poético, y a la vez triste.


-Todo buen poema es triste, aunque lo encubra con juegos y metáforas absurdas y se arriesgue al humor.


-Es un riesgo?


-Sí, el humor siempre lo es: puede llevar a cualquier parte, por eso suele ser cuestionado como recurso poético. 


- Y usted se arriesga...


-Lo asumo, sin riesgo no hay aventura.

Es triste un poema sin riesgos, no hay aventura en su lectura. Yo no he leído casi nada, soy un improvisado, pero sé que la carne es triste, como el poema.



sábado, 2 de diciembre de 2023

Microfísica del fracaso

 

(Rolando Doorland)

 

Mi destino fracasó,

esperaba otra cosa:

mejor o peor, no lo sé;

pero no ésto.


No tengo vocación para

la resignación y mi voluntad

de asumir fracasos fue declinando

en el tiempo, hasta alcanzar la

consistencia deseada por el fracaso

pleno y acabado.


Nunca creí en el destino, eso no

era para mí: no tenía vocación

para ser un buen creyente.


Pero no puedo negar la evidencia

como lo haría un necio, no nací

para necio y el fracaso es suficiente

prueba.


Puedo aceptarlo, aunque no lo asuma

por completo. Al menos, ahora tengo

una certeza, lo que no es poco:


Otros no tienen ninguna.


El fracaso existe y está llegando

a destino, como estaba previsto

desde antes de asumir.


Pingües lengüetazos ahogados en su tinta

 

(Abel A. Borda)

 

Merma la mengua consagrada

entre las cláusulas oblongas

que rigen los destinos de los cuerpos

malversados como dados flacos

arrojados hacia Dios

por una mano anónima.


Hay una cantidad inverosímil

de manos anónimas o más

que velan el sueño discursivo

de los cuerpos trabajados por

el Ocio Divino.


Nos es trabajoso manipular

la anomia y la anonimia desde el

sentido disponible, dado y heredado

de la propia condición material.


No hay trabajo sin materia:

Sujetos a cláusulas oblongas

y límites obscuros que intentamos

descifrar, son pocas las certezas.


Sabemos: descendemos del trabajo

y provenimos del Ocio Creador,

Divino y superior.


viernes, 1 de diciembre de 2023

Poema sin título (Título provisorio)

 

(Remigio Remington) 


Otro poema acéfalo que sumo.

¿Qué hacer?

 

Soy reacio a cometer esa falta,

tanto como a titular: sin título.

Me parece una redundancia que

no suma.


Hay opciones. Tengo una colección

de títulos acabados que atesoro

esperando la ocasión de completarlos

con un texto adecuado.


Para mi, la importancia del título es

capital: un poema sin él es como un

cuerpo sin cabeza.


A partir de un buen título puede

surgir un poema impensado.

Pero hay que tener cuidado:


Algunos son tan buenos que es difícil

que un poema los merezca. Si no lo

logra,sólo conseguirá decepcionar al

lector antes de terminar su lectura.


Otros son dudosos, lo que es para pensar:

El lector promedio no desea pensar mucho

y menos ser objeto de dudas preexistentes:


Lo más probable es que vacile ante la duda

y abandone esa promesa dudosa desde el

título.


Tampoco es cuestión de tomar un título

al azar, que podría resultar del todo ajeno

al poema que lo necesita:


Es necesario que el lector potencial no se

sienta ajeno a lo que parece ofrecer el

poema, ni a su título, ni a la relación entre

ambos.


(Aunque hay quienes lo hacen, como recurso

poético: Entienden, por el contrario, que la

libertad del lector para encontrar relación

entre el poema y su título es un acto poético

en sí mismo, aunque aquel no lo agradezca)


Por último, estas consideraciones serían ociosas

si contáramos con el título adecuado:


Si el poema encuentra el título que necesita,

todo lo demás es secundario, aunque ambos 

dejen que desear.


(Es difícil que un poema no deje que desear.

El deseo humano excede las posibilidades

del poema)



El poema acéfalo tendrá que esperar

su ocasión, no sé si es tan bueno; pero

con un buen título podría agregar valor

y ser reconocido como aceptable por el

lector genérico de poemas.


Hay que reconocer, para escribir buenos poemas

no hay que pensar en un lector determinado, los

hay de toda laya y todos tienen sus prejuicios.

 

No existe un título oficial de lector, aunque los

hay más calificados que otros.


El lector ideal no existe, es mejor concentrarse

en el título.



 
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