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martes, 1 de octubre de 2024

Navegación Segura

 

(Pascual Rambler)

 

Los barcos no se hunden

por el agua que los rodea,

se hunden por el agua

que entra en ellos.


No dejes que lo que ocurre

a tu alrededor, entre en tí

y te hunda.


No te hundas en el afán

de mostrarte abierto/a a todo:


Una cosa es estar disponible

y otra abrirse a penetraciones

dudosas.


No puedes elegir el agua

que te rodea, ni salir de ella,


pero sí ser cauto y precavido con

naves ajenas, cuyas tripulaciones

desconoces y podrían medrar con

tus movimientos al compartir tus

aguas no elegidas:


Podrían hundirte en el desasosiego

ante la menor distracción. No te

distraigas ni abras tus compuertas.


No confíes en el agua, ni en lo que

se mueve por encima o por debajo

de ella:


El agua es traicionera, puede llevar

a cualquier parte:  Ni ella sabe 

adónde va.



El amor es sospechoso de indecible, falible e inefable

 

(Ncasio Uranio)

 

Pasa el vértigo decible y sustentable

por detrás de un indecible decibel


¿Qué hacer con lo inasible? ¿Qué

no hacer, para poder decir y separar

lo indeseable en sílabas simétricas?


¿Qué indicios sospechamos que

nos siguen persiguiendo, Mabel?


¿Qué formas puede adoptar el

perseguido en su papel? ¿Qué culpas

asumir sin endosar a Dios, que está en

el cielo y no deja de observarnos?


¿Perseguimos la ilusión de completar

el vicio o es lo inverso al orificio de

salida que circula en direccióon divina 

y atraviesa aquel papel?


¿Habrá que ser tan combustible como

él?


La verticalidad hizo del vértigo un

oficio, para el que sabe que sólo es

seguro el sacrificio.


¿O hay otro viento vertical a todo

y más amorfo que el amor implume

y puro volviéndose a su vértice

incunable?


lunes, 30 de septiembre de 2024

Propiedades del número primo

 

(Eleuterio York)

 

Veintitrés vientres opuestos por

el vértice disponen sus volúmenes

en paridades practicables.


Aspiran a replicar funciones repetibles

respetando las variables hasta el cansancio

propio, prójimo o ajeno.


Vientres veintitrés, superpuestos, contrapuestos,

yuxtapuestos practican posiciones posibles o

virtuales entre opuestos verticales como vértices

enhiestos opuestos por el vientre.


Se produjo un error:


Veintitrés no es múltiplo de nadie,

no es divisible por tres, ni por dos,

ni por Dios.


Falta un sujeto que lo asuma, sólo Él

podría subsanarlo con éxito.


Un vértice ajeno observó al pasar:

Tendrían que duplicarse para alcanzar

la paridad y poder gozar de apareamientos

múltiples.


-Es verdad, asumió un vientre dispuesto

a todo por su causa. Pero no hace falta

tanto: ¿Para qué estás vos? Sumate y

ganamos todos.


Y el vértice dejó de percibirse ajeno

asumiéndose parte de la suma

para que todos gozaran a la par

las propiedades de la condición

binaria, en sentido vertical u

horizontal.


Estimación del valor

 

(Serafín Cuesta)

 

No me creo más de lo que soy,

aunque podría:


No sería menos aceptable que

creer en dioses, semidioses, ángeles,

arcángeles y toda la diversidad del

colectivo sobrenatural, sin excluir

al demonio y su séquito de secuaces.


No es improbable que alguno crea

ser más de lo que es, o incluso menos.


Por el contrario, resulta verosímil

suponer que somos mayoría:


No disponemos de herramientas

para medir con precisión el valor

del ser, sea propio o ajeno.


Evaluar cuesta, sería una proeza

propia de seres sobrenaturales, hacerlo

con un resultado justo y preciso.


Si alguien lo lograra, estaría dispuesto

a creer en la función divina y todos

los superpoderes atribuídos.


No me creo más de lo que soy,

aunque tal vez lo sea. O bien, podría

ser más de lo que creo, dado que no

creo demasiado.


Tal vez los que creen, obtengan alguna

recompensa de sus superiores, o al menos

de algún ángel compasivo y extraviado.


Ser ángel es terrible, reconoció el poeta.

Pero en ángeles no creo, ni en arcángeles,

querubines o serafines.


Yo, Serafín Cuesta, hasta ahora no los vi.

Tampoco creo demasiado en mi: Podría

creerme más de lo que soy, pero no

conozco mi valor.


domingo, 29 de septiembre de 2024

Los recursos retóricos mejoran la calidad de vida de las palabras

 

(Germán Singerman)

 

-Lo que se repite se permite.


-Permitamé, no podemos repetir

cualquier cosa.


-Sí, se puede ¿Quién lo va a impedir?


-Creo que el sentido común, en primer

término.


-Vea, yo no creo en ese sentido, pero

si lo prefiere, podemos invertir los

términos: Lo que se permite se repite.


-Pero no es lo mismo…


-La inversión es una forma de repetición,

no sólo permitida, sino que aceptada y

valorada como una de nuestras mayores

conquistas. ¿Qué seríamos, si nadie

hubiera invertido en nosotros?


-Puede ser, pero su fin, el sentido de la

inversión, es el provecho, la utilidad. De

lo contrario, es un riesgo inútil que no

se justifica.


-Coincido, pero en este caso mi inversión

está justificada: consiguió su aceptación.


-Bueno, una aceptación crítica…


-Como sea, aceptar es permitir, y lo que

se permite se repite.


-Pero tuvo que invertir.


-Lo acepto: Lo que se repite se permite.


Una buena consigna

 

(Wilmar Bordenave)

 

Adopté una consigna

que siempre repito

y respeto:


Es bueno tener algo para

siempre repetible.


Puede haber mejores, pero

conseguí ésta que es

bastante respetable.


Al principio dudaba, y

la tomé en consignación.


Luego, al repetirla en el tiempo

me convenció: Mi consigna

funciona, a mi me funcionó.


No sé si es para todos en toda

ocasión. Si lo supiera, creo que

la compartiría; por ahora me la

reservo para no generar confusión.


Además, no me pertenece; sólo

la adopté en consignación para

ver qué pasaba.


Repito, a mi me funcionó

y es casi como que fuera mía,

pero no: Como consigné antes,

la tengo en consignación.


Todavía hay tiempo para adquirirla.

No sé, hay que ver si se justifica la

inversión. Tal vez sí:


Con el tiempo y la repetición

todo se justifica, las consignas son así.


Ésta podría ser una buena consigna.


sábado, 28 de septiembre de 2024

Los animales conocidos

 

(Amílcar Ámbanos)

 

No sabemos mucho de los animales,

pero hemos desarrollado una sana

convivencia.


No sabemos mucho, compartimos

nuestro mundo con ellos que, al

parecer, en su mayoría estaban antes

que nosotros.


No sabemos mucho de los animales,

aunque hay teorías peregrinas

que aventuran que descendemos de

una especie animal.


No sabemos mucho; lo cierto es que

con algunos nos llevamos mejor y

mantenemos relaciones amigables:


Hasta los hay capaces de despertarnos

buenos sentimientos. Podríamos amarlos,

quizás, pero sólo se ama lo que se conoce,

y no sabemos mucho de los animales.


Ellos tampoco saben mucho de nosotros:

Algunos ni nos temen.


 
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